Casavella describe en «Viento y joyas» los años convulsos de la llegada de la democracia
27 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Viento y joyas Mondadori) es la segunda parte de El día del Watusi , la obra más completa de Francisco Casavella (Barcelona, 1963). «No es tanto una trilogía como una novela en tres tiempos», afirma. -¿Qué significa «El día del Watusi»? -Es lo que sucede en el primer volumen. Una jornada en la que al narrador le suceden una serie de situaciones que marcan su vida futura y lo forjan moral, ética y espiritualmente. A través de la vida del narrador se cuenta lo que son los últimos veinticinco años de vida española. -¿Qué años abarca el segundo volumen? -Desde 1971 hasta 1977. El último día de esta parte coincide con la celebración en Barcelona la legalización del Partido Comunista. Quería explicar los primeros compases de la transición. A la gente de mi edad nos daba la sensación de que uno era adolescente cuando el país también lo era. -¿Eran necesarias más de mil paginas para contalro? -Tengo fama de ser sintético, nada dado a la verborrea, pero hay muchas circunstancias. Cuando uno empieza a escribir novela lo primero que quiere es publicar. Cuando has publicado varias, piensas que lo que tienes que hacer es algo que realmente valga un poco la pena. Escribir las cosas que a tí te hubiera gustado leer. Y me di cuenta de que las novelas que más me han transformado eran largas. Uno se mete en un mundo y como tardas tiempo en leerlas llegas a confundir el mundo de la novela con tu vida. -¿Por qué se publica en tres tiempos? -Las tres partes tienen cierta autonomía. Tal y como están los tiempos, si sacas una vovela de 1.200 páginas, si está bien a lo mejor en la Universidad de Berkeley me hacían una tesis, pero la novela iba a desaparecer del mapa en dos días. -¿Se podía contar esta historia en otra ciudad que no fuera Barcelona? -Yo creo que en España sólo en Madrid. Que suceda en la ciudad que vivo es importante porque son cosas que conozco y puedo contar, pero no es una novela sobre Barcelona. -Tú tenías 8 años cuando comienzan los hechos. ¿Qué te interesó de esta época? -El narrador tiene sólo cinco años más que yo. Lo cierto es que yo salí a la vida muy pronto. Me ha costado más la última parte porque ya era mayor, pero las partes que había vivido de niño o adolescente narrativamente eran más interesantes porque te impactan mucho más. -¿Entonces no es una reconstrucción de la época sino algo vivido? -Las dos cosas. Hice mucha documentación pero muchas veces era para verificar cosas concretas. Te das cuenta de que pasaban muchísimas más cosas de las que recuerdas. El país era muy convulso en aquella época. -Eres bastante crítico. ¿Se hicieron muy mal las cosas? -Uno de los personajes dice que «las cosas se hacen según los resultados que se obtienen». No es que se hicieran mal, sino que el mecanismo era un poco torpe. -¿Y cómo es el resultado? -Yo creo que se vive mucho mejor de lo que se vivía, pero simplemente porque se entró en un mecanismo demócrata. No porque los que entraron fueran especialmente hábiles o especialmente demócratas, y puedo hablar de todo el espectro político -¿La España del PP es más madura que esa España naif que relatas? -Es una España mucho más cínica en todo caso. -¿La Cataluña de Pujol ha evolucionado mejor o peor que el resto? -Cataluña está incluida en España y Pujol es casi un personaje de programa infantil. Estás esperando 40 años para que muera Franco y llega Pujol, que es tan alucinógeno como el otro. Es un personaje completamente odioso y representa todo lo nefasto que pueda haber en la transición. -Hay personajes en tu novela que parecen basados en empresarios como Javier de la Rosa o Mario Conde. -Uno no puede decir en quien se basa, más que nada para que no te atropellen un día cuando cruzas la calle. Me baso en personajes reales, pero compongo a través de ellos otro personaje. Pero es cierto que mucha gente reconoce en este segundo volumen a gente real. -¿Te molesta que se te siga incluyendo en la joven narrativa junto a gente como Loriga o Mañas? -Que te llamen joven ya empieza a ser un piropo. Cuando saqué la primera novela no se había inventado la fórmula, y nadie me llamaba joven. El tiempo dirá de todos los ejemplos que se citan qué novelas son las que valen y duran. -¿Prefiere la comparación con Marsé que hacen otros? -Si, que te comparen con Marsé está muy bien. Mejor que que te comparen con Antonio Gala.