DE OSOS Y MADROÑOS
11 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.QUE EN ESTE PAÍS las campañas electorales duran cuatro años no se le escapa a ningún espectador neutral, que los hay; todo vale para intentar desacreditar al adversario y llevarse al zurrón el voto de esos espectadores, que son los que en las encuestas pre-electorales, que también duran cuatro años, aparecen como «indecisos». Pero hay cosas que deberían estar por encima del partidismo. Y no lo están. Es el caso del Prestige y de la tragedia que sufren las costas gallegas y, sobre todo, los gallegos. El espectáculo político ha sido, por decirlo suavemente, esperpéntico. Todo han sido descalificaciones, acusaciones, «y tú, más»... Se ha echado de menos una actitud constructiva de solucionar en lo posible esta catástrofe, como lo ha hecho el pueblo llano, que les ha dado un ejemplo impresionante. Lo lógico sería decir: «Vamos a arreglar esto todos juntos, y después ya hablaremos de responsabilidades políticas». Pues no. Primero, vamos a echarle la culpa a otro y, si no podemos, se la echamos al empedrado. O al mensajero. Luego... ya hablaremos. Aquí no están en juego los votos de los gallegos: está en juego la propia Galicia. Debería haber un interés nacional muy por encima de los intereses partidistas. Un refrán dice que «a río revuelto, ganancia de pescadores». En este caso no vale, porque pierden pescadores, marisqueros, asentadores, exportadores, conserveros, almacenistas, transportistas, placeros, hosteleros, consumidores... Todos perdemos. Ojalá que los políticos que nos están dando este espectáculo pierdan también. Con actitudes así jamás hubiera sido posible una transición que se basó en aquel sentido común, ejemplo de patriotismo, que se llamó «consenso».