El fiscal del caso Olot califica a los acusados de «seres casi monstruosos»

Cristina Coello GERONA

ESPAÑA

ROBIN TOWNSEND

Ullastre, uno de los cabecillas del secuestro, se retracta y exculpa al resto de imputados -Les reprocha que trataran a su víctima como a una presa de un campo de concentración

28 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

El fiscal del caso del secuestro de la farmacéutica de Olot reprochó ayer a los acusados que trataran a María Ángeles Feliu como «la víctima de un campo de concentración» y que la «aterrorizaran» diciéndole que «eran de ETA». El fiscal Josep María Casadevall realizó un incisivo interrogatorio a los jefes de la banda de secuestradores, el policía local de Olot Antoni Guirado y el ex vigilante de Sant Pere de Torelló Ramón Ullastre. Éstos aguantaron sin inmutarse las preguntas del acusador público y no contestaron ni a una sola de ellas. Casadevall presentó a ambos sujetos, y en especial a Ullastre, como seres «insensibles», que rozan «la monstruosidad». María Ángeles Feliu, según el fiscal, no tuvo luz ni eléctrica ni natural durante cuatro meses, comía alimentos fríos y a veces bocadillos, fue golpeada, y le amenazaron con cortarle dedos y orejas, además de hacerla creer que estaba secuestrada por ETA. La acusación fiscal exhibió en el juicio multitud de fotografías, intervenidas en la casa de Ullastre, en las que se muestran coches de lujo Jaguar, Mercedes y BMW, serpientes enroscadas en el cuello de la hija de este, e incluso armas. «¿Era necesaria tanta tortura a esta pobre señora? ¿Era necesario asustarla más?», preguntó una y otra vez el fiscal sin obtener respuesta de Ullastre y de Guirado. En el juicio, ayer trascendió que la banda pensó en primer lugar en dos personas para secuestrar: María Angeles Feliu y la hija de otra familia acaudalada de Olot, y se decidieron por la farmacéutica por ser una «mujer débil». El abogado de la farmacéutica les preguntó si alguna vez «tuvieron piedad» de ella cuando apareció al cabo de 492 días «cojeando y en los huesos» y con la ropa que había vestido 250 días «impregnada de moho». Xavier Bassa, otro de los acusados, sufrió una crisis de ansiedad, por lo que tuvo que abandonar la sala.