La sala sinfónica del Auditorio Nacional acoge la última puesta en escena del mítico músico ruso con la Orquesta de Cámara de Lituania
29 oct 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Las visitas a Madrid del violonchelista, pianista y director de orquesta Mstislav Rostropovich hace ya tiempo que se han convertido en norma. Al artista ruso le gusta la ciudad y el país, tiene una buena relación con las instituciones y también con la familia real, especialmente con la Reina Sofía, así que no es de extrañar que aquí no se niegue a hacer lo que es bien dificil que acepte en otros sitios. Hoy, dentro de la programación de Juventudes Musicales de Madrid, Rostropovich estará en el Auditorio Nacional, pero esta vez batuta en mano para dirigir a uno de los mejores violinistas del momento, su paisano Maxim Vengerov. La agrupación es la Orquesta de Cámara de Lituania y el programa, marca de la casa: la Sinfonía núm.6 Patética de Tchaikovsky. Todo eso después de escuchar a Vengerov desgranar los pentagramas del Concierto para violín y orquesta de Mendelssohn. Vengerov también es un asiduo de España y un entregado al jamón de pata negra. Asiduo colaborador discográfico de Barenboim, es, sin duda, el mejor, técnica y musicalmente, de su generación. Es la última oportunidad del año para disfrutar en Madrid de buena música clásica servida como es debido, de la mano de Rostropovich, un hijo y nieto de vilonchelistas al que su madre enseñó piano desde los cuatro años y que tuvo que optar entre ambos instrumentos.