El guardia civil que hizo caer la cúpula del Grapo

Juan Luis Gallego MADRID

ESPAÑA

Tras cinco años entre grupos de la izquierda radical de Madrid, el agente que se dio a conocer como Fernando Pérez resultó fundamental en las detenciones del pasado 18 de julio

23 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Un joven guardia civil, de poco más de 30 años, pasó los últimos cinco infiltrado en los principales grupos de la izquierda radical de Madrid hasta llegar al corazón del Grapo. Suyo es el mérito de la caída de la cúpula de la banda en París y de la detención de otros seis presuntos terroristas en Madrid y Vitoria el pasado 18 de julio. Luego, Fernando Pérez López (ése fue el nombre con que se dio a conocer) se esfumó sin dejar rastro. Los movimientos sociales, como se autodenominan, se preguntan cómo pudo suceder, buscan soluciones y desconfían de todo lo que les rodea. Hay psicosis de infiltración entre los radicales. Se palpa en el ambiente, en la plaza de Tirso de Molina, donde se dan cita cada domingo los grupos afines bajo la observación casi perenne de uno o dos policías de paisano, y se lee en Internet, donde todas las webs del movimiento han reproducido el comunicado en el que la Cruz Negra Anarquista -CNA, agrupación que trabaja a favor de los presos- confirma la existencia del infiltrado y explica paso a paso su trayectoria, desde que el verano de 1997 se instaló en una pensión de la calle Mesón de Paredes hasta que, cinco años después, dio por cumplida su misión. Él mismo fue detenido en un piso de Madrid, pero tras los interrogatorios policiales, al contrario que sus compañeros, no fue conducido a la Audiencia Nacional. Para la Dirección General de la Guardia Civil, que ha reconocido su existencia, es como si Pérez López hubiera muerto ese día. Simplemente, se ha reincorporado a su unidad. El 19 de julio su nombre salió en los periódicos entre los detenidos, incluso se informó de que portaba un arma. Cinco días después, tras los interrogatorios, los abogados acudieron a verle, pero el juez Ruiz Polanco aseguró que esa persona no estaba a su disposición. «Desde entonces no se ha puesto en contacto con nadie y su teléfono no funciona -explica la CNA-. En casa de la madre, en Barcelona, nadie contesta. Y, tras él, un número elevadísimo de detenidos en España, Francia, Italia... El daño producido por este elemento es enorme y dará que hablar».