Gómez de Liaño ha pedido la excedencia tras ser rehabilitado como juez después de su condena. Ahora ejerce la abogacía y escribe. Acaba de publicar la novela «La Casa de los Momos».
14 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.El juez explica el argumento de su novela: «Es la historia de un error judicial, de una herejía judicial. La he ubicado en Zamora porque la Casa de los Momos es la sede del Palacio de Justicia y Momo, según la mitología, es el dios de la farsa, de la burla y de la risa». -¿Qué hay de usted en el Amador de la novela que sufre esas irregularidades? -Nada en absoluto. Amador Crespo era un hombre de campo, muy pegado a la tierra. Un miserable más de los que por el mundo circulan y que tuvo la terrible suerte de que lo acularon en tablas. -¿En el caso Sogecable hubo irregularidades? -No hubo ninguna irregularidad. Se hizo todo lo que se hace habitualmente en la investigación de un delito de carácter económico. Se trataba de buscar los indicios, no de juzgar ni condenar a nadie, ni de meter en prisión a nadie. Lo que ocurrió es que el poder apretó el acelerador a fondo y ocurrió lo que ocurrió. -¿Y en su condena? -En el proceso que terminó con mi condena formulada por los magistrados Bacigalupo y García Ancos hubo una soberana injusticia cometida a sabiendas. -¿Le debe usted algo al Gobierno por su indulto? -No, en absoluto. Ni el Gobierno me debe a mí, ni yo al Gobierno. -¿Pedir la excedencia no es tirar la toalla? -No. Es hacer un cambio en la vida. Seamos realistas, administrar justicia es muy hermoso, pero pedirla para los demás también. Casi más. -¿Cómo son sus relaciones con el juez Garzón? -Con Baltasar Garzón ocurre como con los matrimonios. Se puede uno querer mucho y de pronto se produce una fractura o una fisura. Y viene el divorcio, la separación. Ni más ni menos. Aquello se rompió, esa relación terminó y lo único que hace falta es un respeto mutuo. -¿Merecía Garzón el premio Nobel? -Los jueces deben aspirar a poner buenas sentencias, buenas resoluciones. Y en el caso del señor Garzón y el Nobel de la Paz que no le llegó, si de haberle llegado le hubiese hecho feliz, yo hubiese sido también un hombre feliz.