La legendaria empanadilla

CRISTINO ÁLVAREZ

ESPAÑA

DE OSOS Y MADROÑOS

09 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

UNO DE LOS «gags» televisivos más recordados es sin duda aquél en el que Martes y 13 tejió una conversación digna del gran maestro del absurdo que fue Jardiel Poncela en torno a una empanadilla que, al final, estaba haciendo la mili en Móstoles con una tal Encarna. Creíamos que hacía ya tiempo que se habían terminado las andanzas de esa empanadilla, hasta que el otro día nos la encontramos, con su hermana gemela, en la bandeja con la que obsequia Iberia a los sufridos viajeros de su clase turista. Naturalmente, nuestra empanadilla acusaba el paso de los años. Su masa no era ya crujiente, sino gomosa, fláccida; de su interior no podemos comentarles nada, aparte de su sospechoso color, porque prudentemente nos abstuvimos de hacer más averiguaciones. Daba un poco de pena ver a una vieja amiga, tan mustia, tan deteriorada. La empresa concesionaria del «catering» de Iberia piensa, seguramente, que los pasajeros de turista tienen no ya el paladar de corcho, sino el estómago a prueba de todo tipo de atentados. La bandeja es un atractivo más de un viaje en el que pasajeros y lo que algunos de ellos tienen la desfachatez de llamar «equipajes de mano» viajan hacinados, estrechos en nombre de la rentabilidad. Ya que no parece posible ampliar la anchura de los asientos, ¿sería mucho pedir que el avituallamiento se ciñese a una honrada tabla de quesos o de embutidos, naturalmente españoles? Sé mucha gente que se los comería encantada, en lugar de los dudosísimos condumios con los que la compañía de bandera promociona la despensa y la gastronomía nacionales.