Cuarenta y tres provincias españolas han perdido policías en los últimos cinco años. Galicia es una excepción. Ourense y Lugo han experimentado los mayores incrementos
19 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.El Ministerio del Interior sabía que el envejecimiento de la plantilla del Cuerpo Nacional de Policía había supuesto una verdadera sangría en el número de efectivos en los últimos años. Desde 1996 a diciembre de 2001 los funcionarios de este cuerpo habían pasado de 51.166 a 46.299, 4.867 agentes menos, una caída de un 9,5%. No obstante, las estadísticas exhaustivas (comarcales, provinciales y autonómicas) encargadas para poner en marcha el recién presentado Plan contra la criminalidad han desvelado una radiografía del despliegue de la policía con carencias generalizadas mucho más importantes de lo esperado. El último informe elaborado por la Dirección General de la Policía sobre la evolución real de la plantilla desde 1996 hasta diciembre del pasado año ha puesto de manifiesto lo erróneo de la tesis de algunos mandos policiales, que apuntaban que la caída de efectivos no iba a tener demasiada repercusión en el conjunto del país, ya que el traspaso de transferencias de seguridad pública en Cataluña y el País Vasco iba a aliviar la situación nacional. En estas dos comunidades, el lógico descenso de efectivos ha sido muy importante, pero hay zonas de España en las que la caída de plantilla ha sido también muy fuerte. En comunidades como Murcia, Castilla y León, Aragón y Asturias la sangría de las jubilaciones se ha dejado sentir de manera particular. La carencia de policías en las comunidades autónomas se repite en el nivel provincial. Nueve jefaturas han visto desaparecer en un lustro la quinta parte de sus agentes. El mapa del actual despliegue policial también pone de relieve las fuertes carencias de personal en algunas de las áreas que en los últimos años han sufrido una mayor presión de inmigración clandestina. En Canarias, por ejemplo, el descenso ha sido notable en las dos provincias, pese al fuerte incremento de llegadas de clandestinos. Estas cifras no afectan a Galicia, puesto que el descenso de A Coruña y Pontevedra se sitúa muy por debajo de la media y Ourense y Lugo han experimentado los mayores incrementos porcentuales de España en este período.