EL MERCADO DE LA CORTE
05 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Clase alta madrileña Oído el hostelero José Luis (he servido a tres generaciones de los Aznar) y contemplados los fastos de El Escorial, la imágen del presidente cobra un perfil inhabitual: olvidada su pretendida austeridad castellana de funcionario medio, aparece con nitidez la opulencia de esa clase alta madrileña a la que pertenece. Felipe, envidioso como siempre, pretende casar en breve a su hijo Pablo con una joven mexicana en el Valle de los Caídos, desoyendo así los consejos de Rodriguez Zapatero de no polemizar con la boda presidencial. Rato se desmelena En un alarde de autoridad, el delegado del Gobierno para la Extranjería jura que expulsará a los extranjeros sin papeles. Anteriores delegados tendrían que explicar al punto por qué no se ha expulsado hasta el momento a todos los inmigrantes ilegales. El Ejecutivo sigue abonado al «futuro-presente», técnica que consiste en anunciar medidas que se supone forman parte de la cotidianeidad de los gobernantes. Rato, ajeno a la deriva de la economía española, lanza un discurso vibrante dedicado a atacar la «herencia socialista» y a Zapatero. El «ticket» Aguirre-Gallardón Gana adeptos en el PP la fórmula del «ticket» (PP-Aguirre-Gallardón) para las próximas elecciones municipales y autonómicas en Madrid. Incluso, la presidenta del Senado va a incluir en su equipo de campaña a consejeros del presidente Ruiz-Gallardón, con lo que el slogan resultante será: «Vote la continuidad absoluta». El genial Javier Arenas, que engatusó a los sindicatos y se negó a redimir Andalucía, dice a Fraga que «ya hablaremos del Estatuto». El PP sigue empeñado en rentabilizar su imagen de garante de la «unidad de España».