LA ARMADA INVENCIBLE

La Voz ,

ESPAÑA

UN SOLDADO VIGILA UNA PANTALLA GIGANTE DURANTE LA RETRANSMISIÓN DEL CHOQUE

22 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Nos anularon dos tantos legales, nos pitaron tres fuera de juego que sólo vió aquel linier tan sospechoso, y siempre que nos aplicaron la ley de la ventaja se quedó Corea con el balón. Por eso, más que fijarnos en los antecedentes de México o los Estados Unidos, podemos remontarnos a la Armada Invencible, para decir, con Felipe II, que no hemos mandado nuestra selección a luchar contra los temporales, contra el equipo arbitral o contra el mal de ojo que, por envidia, nos echaron Francia e Italia. Dicho lo cual, también hay que reconocer que siempre hablamos más de lo que hacemos, que tenemos más individualidades que equipo, que los jugadores se rompen con demasiada facilidad, que tuvimos 126 minutos para meter un gol clarito como el agua a una novata, y que los coreanos ejecutaron sus cinco penaltis con más técnica y elegancia de la que nosotros empleamos en su contra. Así que, dando por supuesto que usted va a leer mil crónicas que le van a convencer de que hemos perdido porque somos los mejores, usaré mis últimas líneas para hacer tres hipótesis explicativas de naturaleza trascendente. La primera la tomo del Evangelio, donde se dice que «el que a hierro mata a hierro muere». Porque también aquí se puede entender que el que a penaltis mata a penaltis muere, y que no es fácil ganar el Mundial a base de suerte y de colarse en todas las fases por los pelos y en el último minuto. La segunda explicación es una alegoría del progreso, ya que no es posible ganar un campeonato de marcado signo tecnológico y evidente modernidad social con Camacho sudando la camiseta y Manolo tocando el bombo. Y por eso espero que el tal Manolo se jubile con Hierro y deje de dar la nota patriótica a gastos pagos. La tercera explicación, y también la más certera, la importo de la política, porque estoy seguro de que la culpa de nuestra derrota la tienen los socialistas y los felipistas, que no podían tolerar que el mandato de Aznar terminase con Europa arreglada y la Copa en la Moncloa. Sólo así se explica que nuestra brava selección hiciese las maletas igual que Boabdil, llorando como mujeres lo que no supieron defender como hombres. Pero ya se sabe que no hay mal que por bien no venga, y por eso estoy seguro de que, a la vista del patriotismo que nos invade, muchos españoles habrán interpretado el fallo de Joaquín en clave de alivio. Porque a ningún pueblo le gusta ser tan excepcional como se nos viene diciendo.