Dicho así sólo quiere decir ¿te quiero, Corea¿. Mañana, con Raúl o sin él, nos sentaremos frente a cuarenta y tres mil nativos enfervorizados de rojo, locos por disfrutar con su equipo a costa del nuestro. Gritarán como locos ¿Go, go, Korea¿ y soñarán con hacer historia. Nosotros también, pero en la soledad que acompaña a la selección. Los coreanos son fuertes, rápidos, versátiles y tienen colectivo. España posee mejores jugadores y mejor equipo. Nuestra motivación halla sus raíces en la historia: jugaremos para ser campeones del mundo; ellos, para ser felices algunos días más. Al acabar, nos gustaría decirles ¿anho seo¿ y ¿kasan hamnida¿, o sea, adiós y gracias, y viajar a Seúl. Habrán sido unos insuperables anfitiriones, merecedores de nuestro afecto. «Sa Ram Ge, Korea», donde los amaneceres parecen salidos de un sueño, como la misma Copa del Mundo. Con Raúl o sin Raúl.