«Nos encañonamos muchas veces, sólo se sabe cuando acaba mal»

La Voz

ESPAÑA

CRISTINA ABADÍA

: El más reciente. La semana pasada en Irún un escolta apuntó a un guardia civil de paisano convencido de que era un terrorista tras darse cuenta de que iba armado. El suceso se zanjó cuando ambos se identificaron. : En Beasain. En las localidades donde ETA ha atentado los agentes están más en tensión. Un escolta recuerda que hace un par de meses en esta localidad guipuzcoana dos guardaespaldas encañonaron a otros dos agentes de la policía vasca confundiéndolos con un talde terrorista. : En Basauri. El año pasado dos guardias civiles indentificaron a un policía de paisano a punta de pistola. Le dieron el alto y el agente tuvo que convencerles de que no era un etarra sacando cuidadosamente la placa policial de su chaqueta. : Dos comandos falsos. Un agente de la Guardia Civil recuerda un hecho similiar en el País Vasco. Una tarde muy calurosa de verano dos grupos de personas estaban sentados y con chaqueta en una terraza. Eran policías y guardia civiles, pero todos estuvieron a punto de sacar las pistolas al creer que eran dos comandos terroristas a punto de actuar, ya que ninguno se quitó la chaqueta para ocultar el arma. : Buscando al comando Madrid. Varios agentes de la Guardia Civil encañonaron a un grupo de policías el pasado verano cuando estaban siguiendo pistas del comando Madrid. El suceso tuvo lugar en las inmediaciones del estadio Vicente Calderón. Los agentes del instituto armado apuntaron a los policías que estaban investigando la zona en la que sospechaban residía el comando. El incidente pudo alertar a los terroristas de que estaban siendo vigilados y abortó la operación. : Tras el asesinato de Fernando Buesa. La policía nacional, la Guardia Civil y la Ertzaintza investigaron a la vez este atentado, como consecuencia, sus agentes se enfrentaron y tropezaron muchas veces. De hecho, un responsable policial recuerda que los tres cuerpos pidieron sendas órdenes judiciales al mismo juez y éste concedió las tres. Al final, una imprudencia de la policía vasca estropeó la operación, ya que retiró con la grúa el coche del comando terrorista que estaba siendo vigilado por la policía nacional.