Una sueca asesina en Mallorca a golpes a su ex-marido, un cabo de la Guardia Civil Francisco Orejana apareció muerto en su casa de Palma la primera semana de febrero. Enseguida, varios testigos señalaron a su ex-mujer, Tatiana G., una sueca de 37 años, pero los agentes encargados del caso no la arrestaron hasta medio mes después. Faltaba el arma homicida, un palo de golf que Tatiana, derrumbada, confesó haber tirado al mar.
28 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Francisco y Tatiana se pelearon, así lo cuentan los arañazos y los hematomas encontrados en el cuerpo del guardia civil. En su casa no había señales de robo alguno. No había nada que hiciese pensar que los objetos de su vivienda estaban revueltos. Tampoco la puerta del piso del guardia civil había sido forzada. Fue encontrada abierta por los compañeros de la víctima, que, preocupados por su ausencia, descubrieron el cuerpo. Los hijos de la pareja, de cuatro y seis años, han sufrido un trauma tan brutal que han tenido que ser atendidos por un médico. Muy temperamental Todo el mundo lo sabía: la relación entre la sueca y el guardia civil era apasionada, pero violenta. En los últimos cuatro años, los vecinos de la pareja habían presenciado desavenencias y efusivos reencuentros aderezados por denuncias mutuas de malos tratos. Todos recuerdan a Tatiana como «una persona muy temperamental» y extremadamente celosa. La gente adivina el motivo del crimen: no pudo soportar la nueva relación sentimental de su ex-marido. El último conato de reconciliación se produjo la pasada primavera. Francisco volvió al domicilio de Tatiana, en una planta baja de la calle de Málaga de Palmanova, donde se encontraban también sus dos hijos. Sólo duró unos meses, sus suegros aseguran que esta reconciliación terminó con una paliza en la que él le rompió la madíbula a ella. No lo denunciaba por miedo.