Simula un secuestro para ocultar a su mujer un gasto en prostitutas

PILAR CAÑAS SEVILLA

ESPAÑA

El detenido podría pagar los costes de la investigación y acabar en prisión La Policía Nacional de Granada ha detenido a un sevillano que simuló su propio secuestro y presentó la correspondiente denuncia para ocultar el gasto de 190.000 pesetas en distintos clubes de alterne de toda Andalucía y evitar así que se rompiera su matrimonio al destaparse sus andanzas si la mujer reparaba en los extractos bancarios. Según su falso relato, le trataron con violencia, le robaron dinero en efectivo y le sustrajeron después las tres tarjetas de crédito que llevaba encima bajo amenazas para que desvelara los números secretos.

18 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Este individuo, del que no se ha facilitado ni la identidad ni la edad, acudió a la comisaría de Málaga para poner en conocimiento de los agentes que dos personas le habían secuestrado en la zona norte de la capital granadina. Según su versión inicial, le liberaron al día siguiente, transcurridas dos noches sin comer ni beber, y ya en la ciudad costasoleña. Sin embargo, no acertaba a ofrecer detalles precisos del cautiverio. Además, una vez presentada en Málaga la denuncia por su secuestro reparó en que había dejado olvidado el coche en el último club de alterne al que había acudido y decidió denunciarlo en Sevilla como si, en realidad, se lo hubieran robado. Tres comisarías en jaque Todo este montaje hizo que hasta tres comisarías del Cuerpo Nacional de Policía se pusieran a trabajar. Un dispositivo policial en manos de las jefaturas de Málaga, Granada y Sevilla que supuso trastornar la actividad normal de los efectivos y hacerles perder el tiempo en la investigación de otras denuncias sobre delitos reales. Poco a poco, los agentes sospecharon que algo fallaba y su historia se desmoronaba. Las pesquisas determinaron que las dos noches de supuesto secuestro se las había pasado en locales de alterne de las provincias de Málaga y Granada. En estos clubes pagó 163.000 pesetas con las tarjetas de crédito que supuestamente le habían robado sus raptores y, además, dejó a deber otras 27.000 pesetas. Autoconfesión Una vez descubierto el entuerto, el falso secuestrado confesó la realidad a la policía. Se arrepentía de haber presentado las falsas denuncias pero ahora será el juez, una vez que ha pasado a disposición judicial, el que determine su culpabilidad. Fuentes policiales aseguran que estas falsedades o bromas pueden acarrear al denunciante penas de cárcel y advierten que se les puede incluso exigir judicialmente el pago de todo el dispositivo montado en torno al esclarecimiento de los inexistentes delitos.