Bidart, Biarritz, Bayona, tres localidades emblemáticas en la historia etarra en la tercera etapa del viaje al País Vasco francés
17 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.«Mira, primero tenemos que luchar por lo de aquí, porque Francia reconozca un departamento vasco en Iparralde. Eso es lo primero. Después, de independencia ya se hablará. Esto no es como en el otro lado. Aquí no tenemos nada. Ni autonomía, ni gobierno, ni nada». Las palabras de Clemente, nuestro barman aberzale de San Juan de Luz, nos acompañan durante el trayecto por la costa. En todo este embrollo del conflicto vasco hay cosas que cuesta mucho entender. Pensamos en la autonomía que tiene el País Vasco. Pensamos en Francia, uno de los estados más centralistas de Europa. Nos da por pensar que si ETA tuviera alguna remota o desquiciada razón para liarse a tiros, la encontraría más fácil al otro lado de los Pirineos. Pero ETA no mata gendarmes y si lo hace pide disculpas en Gara y dice que ha sido sin querer. El cartel que nos anuncia el paso por Bidart aventura una respuesta. Aquí la policía detuvo a la cúpula de ETA en 1992, después de que se refugiara en uno de sus caseríos durante años. Fue el final de Pakito, el líder más sanguinario que tuvo la banda. Aquí, en la Rue Mandostenea, también cayó Iñaki de Rentería el año pasado. ETA sacrifica sus pretensiones sobre el País Vasco francés por lo que le queda de escondite o de santuario en él. No quiere tirar piedras sobre su propio tejado. No mata y espera que Francia le deje en paz. Biarritz Es un día gris. El verde, las casas. La N-10 nos lleva de Bidart a Biarritz insinuándonos de cuando en cuando el mar. Esto es tan hermoso que duele; duele pensar que haya quien no dude en teñirlo de sangre. Biarritz es la localidad natal de Bixente Lizarazu, el futbolista del Bayern Munich al que ETA pidió el impuesto revolucionario. Aquella noticia sacudió a esta joya turística, acostumbrada a ver la violencia desde la barrera de los Pirineos. Por primera vez vieron a uno de los suyos, uno muy conocido, en peligro. Eso cambió muchas cosas. Hoy en Biarritz gobierna el centro derecha del RPR con la ayuda de Abertzaleen Batasuna, que se ha plegado a la coalición para sacar del ayuntamiento al Frente Nacional de Le Pain. ¿Se imaginan a Otegi gobernando con Mayor Oreja para hacer frente a Ynestrillas? Ya se ve que esto es el País Vasco, pero francés. Cinco kilómetros más al norte esta Bayona, nuestro destino final, el corazón del nacionalismo en Iparralde. Cruzamos uno de los puentes del río Adou en dirección a la Petit Bayonne. Aparcamos frente a una señal donde una pegatina con ikurriña nos avisa: «Hau ez da Frantzia, Independentzia (Esto no es Francia, Independencia)». Al fondo se levanta la catedral, el lugar que acogió las huelgas de hambre de los refugiados de ETA en las postrimerías del franquismo. Siguiendo la margen del río se llega a la Rue Pernnace, una calle estrecha de viviendas antiguas, sembrada de carteles y propaganda nacionalistas. Allí se encuentran una junta a otra las sedes de Segi, y de Kordinaketa, el equivalente vasco-francés de las Gestoras Pro Amnistía. Nos atiende Garbiñe Eraso, la coordinadora. Garbiñe habla un castellano pasado por el filtro del francés y del euskera. Sus padres, refugiados navarros durante la dictadura, la llevaron a vivir a París. Desde hace unos años vive en Bayona donde se ocupa de todo lo relacionado con los presos de ETA. Garbiñe nos muestra la sede de Kordinaketa, donde nos confiesa que estuvo trabajando el portavoz de Gestoras Pro Amnistía, Juan Mari Olano, antes de la policía francesa se dignara a detenerlo tras varios días de actos públicos. La sede está llena de carteles que piden el reagrupamiento de los presos en Francia y que denuncian torturas a los detenidos en España. Con sus palabras, Garbiñe nos confirma que a ETA y a su entorno no le interesa para nada entrar en conflicto con Francia. -¿Y denunciáis también torturas en Francia? -No, a lo que hace el Estado francés no le llamamos tortura. Aquí lo que hacemos es denunciar las torturas del Estado español para que se conozcan en el Estado francés.