El intermediario aberzale

MANUEL V. SOLA

ESPAÑA

Rafael Díez Usabiaga

15 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

«El Acuerdo de Lizarra no tiene alternativa ni sucedáneos». Con esta rotunda frase contestó hace año y medio Rafael Díez Usabiaga a la decisión del PNV de desmarcarse de Udalbiltza, la asamblea de municipios vascos nacida al abrigo del Pacto de Estella. Usabiaga, de 41 años, maneja con puño firme el frente laboral de la izquierda aberzale a través de Langile Abertzaleen Batzordeak (Asociación de los Trabajadores Patriotas), más conocido por las siglas LAB. Este sindicato fue fundado en mayo de 1974 como organización de masas por iniciativa de diversos militantes de ETA. El objetivo de sus gestores era el de compensar, en el plano social, la presencia de CCOO y UGT en Euskadi y aprovechar el hueco abierto por la escisión interna de la central nacionalista ELA-STV. En la actualidad cuenta con cerca de 25.000 afiliados y algo más del 15% de la representación sindical vasca. El cargo de secretario general no existía en el sindicato con anterioridad al nombramiento de Díez Usabiaga, lo que demuestra el reconocimiento a su labor y liderazgo dentro de la organización. Usabiaga, que milita en LAB desde 1976 y es hijo de un guardia civil, ha tenido un importante papel como mediador en los procesos de contactos entre el Gobierno y la banda terrorista ETA entre 1990 y 1996. Fue uno de los asesores en las conversaciones de Argel y actuó de intermediario entre Rafael Vera y Eugenio Etxebeste, Antxon, cuando éste se encontraba en Santo Domingo, según reconoció ante el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón en marzo de 1997. La labor de LAB siempre ha estado a caballo entre la política y el sindicalismo, lo que ha provocado que en numerosas ocasiones sus miembros hayan sido investigados por su presunta relación con ETA. En 1995, LAB suscribió un comunicado conjunto con ELA-STV en el que pedían la autodeterminación y la negociación con ETA como única salida para sentar las bases que permitieran la construcción de la paz en Euskadi. Tres años después, los dos sindicatos suscribieron el Pacto de Lizarra. La ruptura de la tregua por parte de ETA enfrió unas relaciones que ahora Arzalluz y Usabiaga estarían tratando de recomponer.