La violencia etarra casi desmonta el efecto Guggenheim, término acuñado para describir al fenómeno de revitalización turística y de impulso económico generado en Bilbao -y por extensión, en todo el País Vasco- a la sombra del coloso de titanio. Según los datos facilitados por Eustat, el CIS vasco, la ocupación hotelera es muy superior, con y sin tregua, a las que había hasta finales de 1997, cuando se inauguró el museo. Eso sí, registra severos descensos cuando la ofensiva de la banda se recrudece. Las cifras del Guggenheim asustan. Desde su apertura, el 3 de octubre de 1997, los turistas se han dejado sólo en Bilbao más de 100.000 millones de pesetas. Desde aquella fecha hasta el final del año pasado pasaron por el edificio 3,6 millones de personas, y el 83% de ellas reconocieron que la principal razón de su visita a Euskadi era ver el museo. La principal beneficiada de semejante fenómeno ha sido, claro, la capital vizcaína. El tránsito de turistas venidos de todos el mundo, la venta de souvenirs en una ciudad tradicionalmente considerada fea o los barcos de recreo por la ría del Nervión. La escapada, según José Luis Martínez, gerente del Hotel Ercilla, se amplía al resto de Euskadi: «Aquí, durante la semana siempre hemos tenido un turismo de negocios o de congresos y el fin de semana esto quedaba desierto. El museo, y todo lo que ha venido con él, ha servido para tener cifras decentes todo el tiempo. Y esto ha beneficiado al sector». Lo que parece evidente es que, pese a que las cifras son muy buenas, si ETA no hubiera puesto fin a la tregua a finales de 1999 hubieran sido mejores. En los primeros tres meses de este año se ha notado una pequeña disminución de visitantes. El PP pidió una explicación en el Parlamento vasco, pero el Gobierno de Ibarretxe no cree que los datos -un 10% en el mes de marzo, en relación al mismo período del año pasado- pueda vincularse con la violencia. Tras la vuelta de la banda a la violencia, este bajón se ha producido sólo en el turismo del resto de España, pero ha quedado compensado con un incremento de los visitantes foráneos. Ángel Gago, secretario general de la Asociación de Hosteleros Vizcaínos, cree que no se está en la cresta de la ola que se alcanzó en los veranos de 1998 y 1999. El boom inicial del Guggenheim ha pasado, y ahora los picos se producen con exposiciones puntuales. A pesar de todo, reconoce, «las cifras son mucho mejores que las de hace cinco años».