JAVIER ARMESTO ANÁLISIS Juan José Ibarretxe afronta su segundo mandato con el diálogo como única baza
17 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.ODAS las reuniones convocadas por Ibarretxe fueron iguales; el mismo sofá, la misma mesa de centro, los mismos contertulios y una machacona conclusión: hay que seguir hablando. ¿De qué va a hablar Ibarretxe en los próximos cuatro años? Autodeterminación. El lendakari ha anunciado para octubre la celebración de un debate sobre el autogobierno. Al margen de lo que se diga en el Parlamento de Vitoria, la intención última es que se apruebe la convocatoria de un referéndum de autodeterminación. Que finalmente se lleve a cabo es lo de menos: las encuestas dicen que el porcentaje de vascos a favor del «sí» no alcanzaría una mayoría suficiente -que los propios peneuvistas, como Juan María Atutxa, estiman en un 75%- y las últimas elecciones revelan un progresivo descenso del nacionalismo vasco (PNV-EA y EH obtuvieron el 52,8% de los votos). Pero lo que importa es forzar y tensionar aún más las relaciones con el Gobierno central -que se opone al plebiscito- y acentuar el sentimiento de victimismo respecto a Madrid. Pacificación. Está en un segundo plano. La radicalización aberzale tras el parto de Batasuna -Otegi sigue siendo el portavoz, pero el duro Permach es el ideólogo- y la depuración del sector crítico (Aralar) impide cualquier acercamiento. La tregua de ETA queda ya muy lejana y estamos en otra espiral de violencia indiscriminada. La nueva generación de etarras con cachorros de la banda terrorista están entrenados en la lucha callejera y carecen de una base política: es como dialogar con un muro. Gobernabilidad. El escaño de diferencia que obtuvieron PNV-EA (33) respecto a PP y PSE (32) asegura su victoria por mayoría simple en cualquier votación parlamentaria. Sólo Izquierda Unida podría inclinar la balanza del lado de las fuerzas constitucionalistas, lo cual, tras lo visto en el debate de investidura, parece imposible. Hay quien aventura que el PNV premiará a IU-EB con una consejería tras el verano, pero Javier Madrazo parece más interesado en mantener su posición de bisagra -y la autonomía respecto a Llamazares- que en cargar con una de las carteras de Ajuria Enea. Presupuestos. La imposibilidad de sacar adelante las cuentas públicas motivó el adelanto electoral del 13-M. Esta vez, PP y PSE no van a poder maniatar a Ibarretxe. Pero IU-EB podría presionar para que se incluyan determinadas medidas sociales recogidas en su programa. Las fricciones están garantizadas, dado el carácter conservador del PNV, un nacionalismo de derechas. Otra posibilidad es que Euskal Herritarrok opte por boicotear la actividad institucional vasca y vote contra los presupuestos. Sucesión de Arzalluz. El pater ha anunciado que dejará la presidencia de la ejecutiva del PNV en tres años. Nadie duda de que seguirá influyendo desde la sombra, sermón dominical incluido. La pugna por el despacho de Sabin Etxea promete ser de órdago. Arzalluz, de 72 años, 20 de ellos al frente de la formación nacionalista, ha situado a Ibarretxe como su delfín. Pero el sector duro del PNV, con Joseba Egibar -el eterno número dos- al frente, no se lo va a poner fácil.