«Aquí no cobra ni Dios»

TOMÁS GARCÍA A CORUÑA

ESPAÑA

RAFAEL DÍAZ

Los métodos de Piqué en Ercros no destacaban por una excesiva diplomacia El actual ministro de Asuntos Exteriores no siempre ha sido el hombre amable que recibe en Barajas a los mandatarios internacionales a golpe de cervical. Al menos en su época de Ercros, por la que ahora le persiguen los tribunales, Josep Piqué mantenía un tono bien diferente. Sobre todo con los empleados que tenía por debajo. Era la época en la que Ercros era un barco a la deriva sin rumbo fijo.

20 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Sucedió a principios del año 1994, cuando Josep Piqué era presidente del grupo Ercros y la quimiquera, en suspensión de pagos, trataba de soltar lastre a costa de lo que fuera. Uno de los primeros colectivos afectados fue el de jubilados de Enfersa, la compañía de fertilizantes del holding, cuyo convenio recogía un complemento salarial de carácter vitalicio añadido a la pensión. La empresa, con su presidente a la cabeza, decidió poner fin a esta carga -que para los jubilados representaba un 40% de su pensión- y para ello entabló una negociación con este colectivo, formado, en parte, por medio centenar de antiguos empleados de la planta coruñesa de As Pontes. El 25 de enero, a media tarde, tres representantes de la Asociación de Jubilados, Prejubilados e Incapacitados de Enfersa se sentaron a la mesa con Piqué y otros cuatro directivos del grupo. En el encuentro, el actual ministro expuso las condiciones de la empresa. Eso sí, en más de un envite demostró no dominar el tema. Brutos o netos Así, el ministro no supo precisar si alguno de los devengos que incluía la negociación eran brutos o netos, tal y como recoge el acta de la reunión. El momento clave del encuentro, que también incluye el acta, fue sin embargo cuando los antiguos empleados de Enfersa mostraron su rechazo a las promesas y quedaron a la espera de una nueva reunión que clarificase la situación. La respuesta de Piqué no recuerda en nada al hombre que la semana pasada inauguró lo que la oposición ya ha denominado «diplomacia del cabezazo»: «Si no aceptáis la oferta de la empresa -amenazó-, aquí no cobra ni Dios». Josep Piqué recordó a los jubilados que, caso de no aceptar las condiciones, podían llevar a la compañía a la quiebra. Ya en aquella reunión quedó claro que el asunto acabaría en los tribunales. Años después, los afectados fueron indemnizados por la empresa. La cantidad, sin embargo, no les satisfizo, por lo que se puso en marcha un proceso judicial que aún hoy está pendiente del Tribunal Constitucional.