Asesinos de fin de semana

DAVID BERIAIN

ESPAÑA

Algunos etarras tienen un trabajo de lunes a viernes ETA apuesta ahora por los activistas jóvenes que no hayan sido fichados por la policía. Se ahorra así el tener que ocultarlos de las fuerzas de seguridad. Pueden incluso vivir en su casa, trabajar en una empresa y asesinar los fines de semana.

19 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

ETA ha cambiado mucho su forma de actuar desde la tregua. Ahora apuesta por los comandos itinerantes, con gente legal (no fichada), que trabaja de lunes a viernes en una empresa y utiliza los fines de semana o los periodos de vacaciones para realizar crímenes y para matar». Lo dijo ayer el director general de la Policía, Juan Cotino, y las cifras no hacen sino darle la razón. Más de un tercio de los atentados mortales cometidos por ETA desde el final de la tregua fueron llevados a cabo en sábado o domingo. El porcentaje sube hasta la mitad si se cuentan todas las acciones armadas, las que fallaron y las que acabaron en muerte. José Luis López de Lacalle, José María Pedrosa, Juan María Jáuregui, José María Korta o Manuel Giménez Abad son algunas de las víctimas de estos asesinos de fin de semana La táctica La táctica es simple: comandos itinerantes y militantes legales. La detención de Premin Sanpedro y Jesús Goikoetxea y la desarticulación del Xoxua así parecen confirmarlo. ETA echa mano de sus activistas no fichados porque a ellos no hay que mantenerlos en la clandestinidad. Para la banda, esconder a sus miembros más buscados es difícil, pero, sobre todo, caro. Sus liberados, además de no trabajar, cobran un sueldo porque son «profesionales de la lucha armada», desgastan la infraestructura de apoyo, necesitan de pisos seguros donde esconderse y de mugalaris que les hagan pasar la frontera. Los legales, los que la policía no ha fichado, no necesitan nada de esto. Pasan totalmente desapercibidos, viven en su casa, casi no precisan infraestructura que los apoye, pueden trabajar normalmente en una empresa y, como decía Cotino, convertirse en terroristas de viernes a domingo. Son, eso sí, menos efectivos y están menos preparados. ETA lo suple con infraestructura. Prepara sus coches bombas en sus talleres del sur de Francia y los deja listos para explosionar. Llevarlos hasta su destino y apretar el botón no es tan complicado. Sanpedro y Goikoetxea así lo hicieron: recogieron el coche en Francia, llegaron a Logroño el sábado, se tomaron unos vinos y volvieron dejando el temporizador listo. Cuando explotó ya estaban en su casa de Mondragón. A la vez, la banda ha rescatado para la actividad la figura de los comandos itinerantes, una de las armas que más resultados le ha dado en su historia. El continuo enfrentamiento con la policía le ha demostrado que tener comandos con sede fija en un territorio concreto permite un mejor conocimiento del lugar y de las víctimas, pero pone en riesgo la seguridad del comando. Y eso, a estas alturas, no se lo puede permitir. Pero ETA, después de la tregua, ha dado un paso más. Del comando itinerante, se ha pasado al complejo: varios comandos no fichados que actúan paralelamente en grupos de no más de tres. Así despistan a la policía y crean confusión. Su sede habitual es Guipúzcoa porque allí cuentan con más apoyos. La rubia ETA ha colocado a una de sus activistas de más peso al mando de estos comandos intinerantes formados por legales. Ainhoa Múgica, la histórica dirigente etarra se confirma cada vez más como la sucesora de Francisco Javier García Gaztelu, Txapote. La Rubia, como se la conoce en su entorno, ha pasado de militar en una de las más sangrientas ediciones del comando Madrid a dirigir las actividades de los taldes itinerantes, tal y como han corroborado los últimos activistas detenidos en Galicia, Álava y Guipúzcoa. Cuando se les preguntó de quién recibían las órdenes, todos señalaron su foto.