El ministro afirma que cualquier replanteamiento del estatus de Gibraltar debe pasar por el reconocimiento del derecho de los gibraltareños a decidir su futuro, «sin imposiciones ni amenazas». -La corona británica y la española, firmantes del Tratado de Utrecht de 1713, podrían revisarlo. -Sí, pero lo primordial no es la voluntad de las coronas, ni la de los gobiernos que representan, sino la del pueblo. El fin no justifica los medios y saltarse a la torera los derechos de 30.000 habitantes no se lo pueden permitir las democracias europeas. -¿Siempre están de acuerdo Gibraltar y Londres? -Muchas veces no lo estamos. Es la gran diferencia con respecto a la situación que se vivía hace 35 años. Cuando Reino Unido da más importancia a sus derechos, Gibraltar discrepa y hay serios desacuerdos.