ANXO LUGILDE ANÁLISIS POLÍTICO El brazo político de ETA pagará en las urnas la sangrienta campaña terrorista
03 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.MBARAZOSA es esta campaña para EH, condenada a pagar los efectos de la última ofensiva etarra. Quizá eso quiera decir en el fondo su cartel de la mujer en cinta que anuncia un nuevo país. La publicidad siempre fue uno de los fuertes de la izquierda aberzale. Con una llamada a votar «donde más les duele», el brazo político de ETA cautivó en 1987 a elementos antisistema de toda España para superar en las europeas la barrera de los 250.000 votos, 30.000 de ellos en Galicia. Transcurrieron pocas semanas para que ETA remordiese las conciencia de muchos electores al perpetrar su atentado más sangriento, el de Hipercor. Esa ilusión en una solución política para el conflicto vasco volvió a brotar en 1998. En los tiempos dorados del acuerdo de Estella, Euskal Herritarrok, la nueva marca electoral de ETA, volvió a subir como la espuma. Los archivos demuestran que los mejores resultados de la fuerza política que apoya a ETA se dan, paradójicamente, cuando ésta no actúa. Privada de los sueldos de sus diputados ausentes, EH escondió la cabeza y no participó en las elecciones generales del año pasado, coincidentes en el tiempo con el regreso de la barbarie etarra. Por eso será ahora cuando los atentados pasen factura a la formación que lidera Arnaldo Otegi. El encarcelamiento en 1997 de Floren Aoiz y el resto de la dirección batasuna puso fin a uno de los más siniestros liderazgos que tuvo desde 1978 Herri Batasuna -Unidad Popular en español-. Otegi, su sucesor, parecía recuperar el espíritu de los Iñaki Esnaola, Christine Fando o Txema Montero, dirigentes que fueron apartados por su apuesta por la vía política. Pero el sector más duro de ETA volvió a marcar la pauta y Otegui es ahora puesto en entredicho por quienes recogían esa tradición crítica, encabezados por Patxi Zabaleta y nucleados en torno a la corriente Aralar. Ésta amenazó con una candidatura alternativa de la izquierda abertzale, que no llegó a presentar. Pero sí hay una segunda lista, la de Askatasuna, creada por si Garzón ilegaliza EH. En tiempos de escalada terrorista, HB se refugia en los más fieles, en los que sólo oyen Egin-Irratia, leen el Gara y toman vinos en las herriko taberna. Estos son los rasgos de EH: Cuota de poder: Gracias al oxígeno de la tregua, EH tiene 890 concejales, un eurodiputado, 14 diputados en Vitoria y 7 en Pamplona. Feudos: Las áreas rurales a caballo entre Navarra y Guipúzcoa son sus bastiones. En esa segunda provincia, HB-EH venció en varias ocasiones. Su implantación va declinando hacia el oeste en Vizcaya y es nula en el sur de Álava. Terrorismo: Los atentados callejeros y de ETA son para HB «un instrumento político en respuesta a la violencia de los estados español y francés». Gobernabilidad: Otegi ha dejado claro que rechazará a Mayor Oreja. Si el bloque nacionalista mantiene la mayoría, EH garantizará, por acción u omisión, que el PNV continúe en el poder.