«¿Qué te puedo dar?»

Bea Abelairas
BEATRIZ ABELAIRAS A CORUÑA

ESPAÑA

La madre de un preso enfermo de sida acampó a las puertas de la prisión hasta conseguir su libertad Hace seis años uno de los hijos de Manuela murió en plena calle. Tenía 27 años y sida. Durante algún tiempo, esta asturiana repitió sin saberlo el estribillo de la canción de Victor Manuel. No funcionó: sus otros dos hijos siguieron enganchados. Uno de ellos, Manuel Urdangaray, de 23 años, vivía hasta el martes en la prisión de Villabona. Aún le quedaba año y medio entre rejas. Pero Manuela no podía dejar morir a otro hijo lejos de casa: acampó ante la cárcel hasta que consiguió la libertad por motivos humanitarios.

18 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Manuela Larralde ya duerme en su cama del barrio gijonés de La Calzada. De momento guardará la tienda de campaña que le sirvió de improvisada vivienda más de dos semanas, tiempo durante el que reclamó la libertad para su hijo, condenado a tres años por robo. Las autoridades penitenciarias decidieron excarcelar a su hijo Manuel y acceder a la petición de la madre, que reclamaba que el joven pasara los últimos días de su vida en libertad y en su casa. Manuela estaba ayer satisfecha y contenta. No obstante, insitía a periodistas de El Comercio en que «ahora empieza una nueva lucha». También pedía ayuda a los servicios sociales, ya que tendrá que repartir sus cuidados con otro de sus hijos, Isaac, también con sida. Manuela no quería volver a sufrir la tragedia de hace seis años, cuando otro de sus hijos, también afectado de sida, falleció con 27 años de edad en plena calle de una sobredosis. La angustia de saber que su otro hijo seguía pinchandose en la cárcel pudo con todo. Manuel recordó que él contrajo la enfermedad en el penal de Villabona «hace unos dos años. En la prisión entra droga y nos pinchábamos sin ninguna precaución», dijo. Manuel había sido excarcelado en abril del pasado año y, tras permanecer una temporada en casa, acabó escapándose e incumpliendo la libertad condicional. Precisamente fue este hecho el que llevó al juez a determinar que Manuel sería excarcelado para ingresar en un centro. Manuel salió por el portón de la prisión asturiana pasadas las dos de la tarde del martes. Llevaba en una bolsa negra de basura sus cosas. Desde lejos podía oirse su risa. Su madre y su hermano Isaac le esperaban desde hacía más de hora y media. Madre e hijo se fundieron en un silencioso abrazo. Después se sumó Isaac.