DAVID BERIAIN TESTIGO DIRECTO Eradio Ezpeleta vive con un policía desde que se levanta hasta que se acuesta
06 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.sta es la jornada hora a hora de un joven en el punto de mira que, pese a todo, dice que al final no es para tanto. «Te acostumbras»: 08.00-09.00. Eradio se levanta. Le gusta llegar puntual al trabajo, pero una de las máximas de la autoprotección es evitar las rutinas. Se establece un intervalo de una hora y media para la salida de su casa. Se cambia casi cada día. «Ésa es una de las cosas que yo nunca había hecho, porque soy una persona muy puntual y si a las 9 tengo que estar en mi trabajo salgo de casa 8.40. Y ahora no, ahora tienes que planificar la agenda teniendo en cuenta eso, sobre todo las horas de salida y entrada de casa». 9.00-10.00. «Lo que tengo muy claro es que en horarios normales y rutinarios de trabajo no salgo a la puerta de mi casa sin escolta, y mucho menos del portal del edificio», afirma. Cuando los escoltas lo recogen se sube a un coche oficial. «Ellos lo prefieren porque ya lo conocen y lo conducen. Son los profesionales». 10.00-13.00. Durante todo el tiempo que Eradio se encuentra en su trabajo como concejal en el área de Servicios Sociales, el guardaespaldas le espera dentro del edificio. «Incluso si salgo a tomar un café, viene conmigo y si no lo encuentro en ese momento, le llamo por el móvil», señala. 13.00-16.00. Es la hora de comer. Si tiene que hacerlo fuera de casa, el escolta lo hace con él y se tienen en cuenta todas las medidas de seguridad necesarias. «Jamás estaré en ningún sitio sentado de espaldas a la puerta. Y si es posible me sentaré donde no dé la espalda a nadie. Te sientas al lado de la pared y dominando la situación del entorno», relata. 16.00-20.00. Por la tarde es igual. Vuelta al trabajo y luego, a casa. «El problema son esas horas punta en las que todo el mundo va a comer a casa. Son los momentos más críticos, en los que más cuidado debemos tener». 20.00-22.00. Para Eradio, lo peor de tener vigilancia se vive en los momentos de ocio. «¿Restricciones? Todas. Eso es lo que más he notado. Mis amigos me ayudan en todo, pero es molesto. Ir a tomar unas copas por ahí y tener un tipo detrás... Mira, son encantadores y mis amigos, muy solidarios, pero molesta. Los demás lo entienden pero yo mismo soy el que no está a gusto». En esas salidas y en otras hay un elemento crucial: el coche. «Es fundamental controlar el vehículo, mirar los bajos. No lo llevo casi a ningún lado, lo tengo en el garaje cerrado. Cuando salgo sí es cierto que hay días que igual creo que hay cierta rutina a la hora de llegar a casa. Entonces no lo meto, igual lo dejo fuera, o dos manzanas lejos de casa, etc. Juegas un poco con ese factor sorpresa, que nadie sepa que todos los días vuelves a casa con el coche a las 10 o a las 11 de la noche o cuando sea». 22.00 en adelante. Y más condicionamientos: «Hay sitios que no piso, como el casco viejo de Pamplona, y no voy a sitios fijos. Eso es lo que nos ha cambiado fundamentalmente. Hemos tenido que cambiar los sitios en los que nos encontrábamos los de la cuadrilla. Mi gran sufrimiento es la familia, Yo tengo amigos que me dicen, y otros que no me lo dicen, que tienen miedo de ir conmigo. Algunos hasta les da cosa montarse en el coche, aunque vaya con escolta y haya mirado el coche». Vuelta a casa. Llevar escolta supone también que no puede alargarse en esas noches en las que sale a tomarse unos tragos con los amigos. «Cuando salgo, lo hago con el escolta y, aunque ellos no tienen ningún problema y ya tienen establecido sus turnos y sus descansos, yo sí estoy pensando en que se están quedando por mí». Eradio está agradecido a quienes le protegen y reconoce que su consejo es imprescindible. «Muchas veces, uno cae en rutinas hasta cuando no quiere».