«Llevaba dos mil días esperando esta noticia»

JUAN LUIS GALLEGO MADRID

ESPAÑA

SANTIAGO JIMÉNEZ

23 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Doce asesinatos directos y otros 26 ordenados. Pero las víctimas de Javier García Gaztelu, Txapote, no son sólo ellos. Alfonso Morcillo, el municipal al que asesinó en su estreno de sangre, tenía una mujer y tres hijos; Miguel Ángel Blanco, padres y una hermana... El jueves, cuando conocieron la detención de Txapote, algunos se llevaron su única alegría tras años de dolor. Las otras víctimas de Javier García Gaztelu, Txapote, las viudas, los huérfanos, los hermanos a quienes los disparos del hasta ahora etarra más buscado por las Fuerzas de Seguridad españolas y francesas les arrebataron un ser querido, tienen ahora un motivo al que agarrarse para tratar de «pasar página». La más triste de sus vidas. «Llevaba dos mil y pico días esperando esta noticia», confesaba ayer Catalina Romero, la esposa del guardia municipal Alfonso Morcillo, probablemente el primero que cayó a manos de Txapote. «La principal diferencia entre ellos y nosotros es que ellos nos odian sin motivo y nosotros a ellos con todo el motivo del mundo», dijo Rubén Múgica, hijo del abogado Fernando Múgica, otra de las víctimas del sangriento comando Donosti al que perteneció el etarra. Algunos odian, con toda la fuerza que les queda; otros sienten sólo rencor; alguna admite su «ingenuidad» cuando soñaba con encontrarse con él en la calle y pedirle una explicación... Las viudas se llamaron el jueves unas a otras, para darse la buena noticia, después de haber llorado por la mañana dos nuevos asesinatos, probablemente ordenados también por Txapote. Telefoneó la de Iruretagoyena a la de Morcillo, la de Morcillo a la de Ordóñez... Todas ellas, desde hace tiempo, compartían el mismo dolor y, a la vez, el mismo deseo. El jueves lo vieron cumplido.