Despedida roja y verde en Vitoria

M. SÁIZ-PARDO. Colpisa VITORIA

ESPAÑA

DAVID AGUILAR

El funeral del funcionario de prisiones Máximo Casado tuvo lugar en medio de «ikurriñas» y puños en alto Vitoria rindió ayer su último homenaje al funcionario de prisiones Máximo Casado, asesinado por ETA el pasado domingo. Banderas rojas de Comisiones Obreras, ikurriñas, más de medio centenar de coronas de flores y puños en alto sirvieron para dar la despedida a las cenizas del malogrado trabajador y sindicalista.

23 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Miles de personas, entre ellas el vicepresidente del Gobierno Mariano Rajoy y el lehendakari Juan José Ibarretxe _que compartieron asiento_, abarrotaron las inmediaciones y el interior de la Catedral Nueva de la capital vitoriana, donde el obispo de Vitoria, Miguel Azurmendi, con una decena de concelebrantes, repudió el terrorismo por «ir en contra de la ley de Dios y de la conciencia humana». Capilla ardiente Tres centenares de compañeros de sindicato de Casado que llegaron en procesión, banderas en alto, desde la subdelegación del Gobierno, donde estuvo instalada la capilla ardiente hasta las tres de la tarde, dibujaron frente a la entrada principal de la basílica un pasillo humano de más de medio centenar de metros. Banderas rojas, de coronas de flores por decenas e ikurriñas saludaron desde media hora antes del comienzo de la ceremonia la entrada de las autoridades y de la familia. Al llegar a la catedral las cenizas del funcionario y sindicalista asesinado fueron recibidas puño en alto, con las banderas inclinadas y lágrimas en los ojos de muchos de los presentes. Ya de noche, las cenizas fueron transportadas hasta la localidad leonesa de Santa Elena de Jamuz, donde la familia tiene previsto enterrarlas en la más estricta intimidad.