El asesinato de un miembro de la carrera fiscal completa los ataques terroristas contra todos los estamentos desde el final de la tregua Políticos del PP, del PSOE, militares, guardias civiles, ertzainas, periodistas, empresarios y, ahora, un fiscal. Era el eslabón que buscaba ETA para completar su estrategia asesina. Nadie está a salvo de la ofensiva terrorista, las más sangrienta desde principios de los noventa, que se ha cobrado ya 14 muertos desde el final de la tregua, decretado como su inicio de forma unilateral el pasado 3 de diciembre.
09 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Todos los colectivos que han sufrido atentados son, según la lógica de ETA, los culpables de la «opresión» de Euskadi. Y son, por eso, objetivos de sus balas. A todos ellos apuntó la banda en el comunicado con el que reivindicó sus tres primeros asesinatos tras la ruptura de la tregua: los del teniente coronel del Ejército Pedro Antonio Blanco, el diputado socialista vasco Fernando Buesa y el ertzaina Jorge Díez, su escolta. «Queremos recordar _afirmaba la banda en el comunicado que publicó entonces el diario Gara_ que la tregua ha sido unilateral y que las fuerzas armadas, económicas, políticas, jurídicas y mediáticas de España y Francia han seguido con su labor de opresión, sin pausa, castigando a Euskal Herria y sus ciudadanos». Desde entonces, no ha dejado de ejecutar su amenaza siempre que ha podido y allí donde ha sido capaz. Una treintena de atentados, con 14 muertos, en once provincias y siete comunidades autónomas. Toda la sociedad y en toda España. Objetivos diversos Las cifras, aunque frías, son trágicas y reveladoras: cuatro políticos del Partido Popular; dos vinculados al Partido Socialista Obrero Español; dos militares; dos guardias civiles; un ertzaina; un periodista, un empresario y un fiscal. Esos son los muertos de la banda. Madrid, Andalucía Castilla y León, Navarra, Aragón, Cataluña y, por supuesto, País Vasco. Esos son sus escenarios. En realidad, nada ha cambiado en los 32 años de historia de ETA. Los amenazados son los mismos. Los comandos Vizcaya y Andalucía, cuando fueron desarticulados, tenían en su poder listas de objetivos terroristas en las que figuraban jueces y fiscales. El asesinato de Luis Portero es la vuelta del azote etarra sobre este colectivo.