Las reglas no escritas del cacheo

B. A. A CORUÑA

ESPAÑA

Interior sostiene que no existe ninguna norma que regule esta parte de la intervención policial La pasada semana se conocía la sentencia de un juez barcelonés en la que se limitaba los cacheos de la policía. En teoría, los agentes pueden registrar a todas las personas que, según su criterio, pueden ser sospechosas de un delito. Interior sostiene que no existe ninguna ley que regule esta parte de la intervención policial, que se deja por entero al criterio de los investigadores. Pero los agentes encargados de esta tarea afirman que este tipo de exploraciones se basan en evidencias que van más allá de la apariencia, están siempre justificadas, son proporcionadas y se rigen por unas normas internas.

25 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

La policía asegura que existen unas normas para relizar los cacheos policiales, «aunque no estén recogidas en ninguna ley», según un agente que realiza habitualmente esta tarea en Madrid. Además, señala que estas inspecciones son importantes en su trabajo, aunque también una de las tareas que más a disgusto se realiza. «No conozco a ningún compañero que le guste realizar un registro, es una tarea desagradable, peligrosa e ingrata, pero en algunos casos es la única manera de encontrar pistas para acusar a un delincuente», dice el policía. En el caso de los camellos, los narcotraficantes o los correos de las bandas que trafican con droga este tipo de inspecciones son imprescindibles. Además, entraña una serie de riesgos: algunos agentes se han pinchado con jeringuillas u otros objetos que portaban los detenidos. «Forma parte de los peligros que hay que asumir en esta profesión», afirma el mismo agente. Tal vez por esta razón, aseguran que siempre tratan de que sean los propios sospechosos los que colaboren en un primer momento y muestren ellos mismos los objetos que portan, para cachear sólo si es «absolutamente necesario». Existen diferentes clases de cacheos: unos se realizan por seguridad, para incautar armas con las que el sospechoso pueda agredir a la policía o incluso autolesionarse, y otros, como los que se practican a los boleros (los correos de los narcos que esconden droga en el interior de su cuerpo), requieren en algunos casos de la ayuda de un médico. A las mujeres sólo las registran agentes femeninas, «a veces pasa que, como son menos en el cuerpo, no hay ninguna mujer policía disponible», en este caso se trasladan a un centro hospitalario concluye el agente. Además, hay que tener en cuenta que en los últimos años algunos camellos utilizan a bebés para guardar la droga. Esperan a sus clientes mientras disimulan paseando el cochecito de un bebé. Droga en los pañales «Normalmente esconden la droga en los pañales o en alguna parte del coche del niño», asegura el policía. Si un cliente se acerca, «sólo simulan cambiar el pañal», dice el policía. Cuando se tiene la seguridad de que esto sucede, la operación policial se complica: «Hay que pensar que la seguridad del niño es lo primero», asegura el agente. En estos casos, el bebé termina en un hospital y es un pediatra el que procede al reconocimiento.