La indefinición de sus actuaciones y la tibieza de su oposición amenaza con malograr el entusismo generado por el líder socialista Los múltiples interrogantes abiertos en el PSOE y la ofensiva de ETA le han arrebatado los tradicionales cien días de gracia. José Luis Rodríguez Zapatero comenzó a ser examinado desde el mismo día _hace ahora 50_ en que se convirtió en secretario general. Una semana después, asistió al primer funeral dae una víctima de ETA. Aun así, para muchos sigue siendo una incógnita. Le queda aún todo por demostrar. El análisis de la actuación de Zapatero al frente del PSOE no permite extraer conclusiones contundentes, más bien interrogantes. Y algunos comienzan a calar entre sus propios votantes. La tibieza de su labor de oposición, la inconcreción de sus propuestas y la inexperiencia de su equipo amenazan con traducirse en desconcierto.
11 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Mañana, el nuevo número uno tendrá su primer cara a cara parlamentario con José María Aznar. Aunque obligadamente breve _se trata sólo de una pregunta sobre la subida de los carburantes_, el debate puede comenzar a despejar incógnitas sobre la solidez del llamado efecto Zapatero. El cambio tranquilo que propugna se ha traducido, por el momento, en un cambio de personas y estilo. Era, para Rodríguez Zapatero, una obsesión. Pero entre tanta renovación, el mensaje se ha descuidado. Y con tanta lealtad la oposición se ha difuminado. Algunos parlamentarios socialistas ya han trasladado al secretario general sus reticencias ante una estrategia que amenaza con dejar al PSOE sin hueco para buscar la confrontación con el Gobierno. Lealtad sí, pero sin seguidismo y con menos condescendencia. La lucha contra ETA es, por deseo del propio Rodríguez Zapatero, un asunto vetado a la crítica. El terrorismo es, en su opinión, un tema de Estado, como la justicia, la inmigración o el desarrollo autonómico. Queda entonces poco hueco para la crítica. Temas de oposición Pero ni siquiera allí donde ésta ha sido posible el PSOE ha conseguido una voz única y contundente. La concesión de las licencias de telefonía móvil de tercera generación por cien veces menos dinero que otros países del entorno ha merecido para Zapatero únicamente la definición de «grave equivocación del Gobierno». La constante subida de los carburantes, que sufren los ciudadanos, ha pasado casi inadvertida en su agenda política. Y la intención del PP de tramitar con urgencia la reforma de la Ley de Extranjería sólo ha suscitado en el dirigiente socialista una llamada para buscar el consenso. Algo, sin embargo, juega aún a su favor. La ilusión de los suyos permanece intacta; la legislatura no ha hecho más que empezar y el Parlamento, en teoría la especialidad de su equipo, acaba de abrir de nuevo sus puertas.