LOS CIEN PRIMEROS DÍAS DEL NUEVO EJECUTIVO El Gobierno ha cambiado su estilo y ahora prima los resultados sobre el consenso con el resto de los partidos «Se ve en mi cara». José María Aznar pronunciaba estas palabras mientras esbozaba una sonrisa cuando el 5 de agosto de 1996 fue interrogado acerca de los primeros cien días de su Gobierno. La historia se repite. El nuevo Ejecutivo cumple hoy cien días. En esta ocasión, la sonrisa del presidente se ha transformado en carcajada, y ello gracias a los más de 10 millones de votos que el Partido Popular obtuvo en las elecciones generales del pasado 12 de marzo. La puesta en escena de esa mayoría absoluta ha sido, sin duda, la característica predominante en la actuación del nuevo Gabinete popular.
03 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Ya lo advirtió el propio Aznar la misma noche electoral: el Gobierno aplicará el programa votado por la mayoría de los ciudadanos. Así ha sido. Pese a la oferta de diálogo lanzada a todas las fuerzas políticas y a los agentes sociales, el Ejecutivo se marcha de vacaciones con la maleta repleta de fuertes acusaciones por usar el «rodillo» y actuar como una mayoría «absolutista». La reforma de la Ley de Extranjería, que hoy aprueba el Consejo de Ministros, es el mejor ejemplo de que Aznar está dispuesto a llevar adelante, con consenso o sin él, aquella parte de su programa que debió aparcar hace cuatro años por la falta de mayoría parlamentaria. La decisión ha levantado ampollas y puede enturbiar las relaciones con los sindicatos, uno de los éxitos reconocidos en la anterior legislatura. «El discurso de diálogo de Aznar se nos antoja ahora que es mera propaganda», declaró un portavoz de UGT consultado por este periódico. Gestión rápida Pese a esto, las primeras medidas tomadas por los ministros de Aznar, aún en fase de proyectos, indican también un deseo de incidir en la liberalización de los mercados y de desatascar algunos de los asuntos con peores resultados de la anterior etapa. Así, el plan de choque de Acebes en Justicia, las rápidas decisiones de Álvarez Cascos en Fomento o la presentación de un proyecto de Plan Hidrológico suponen una muestra de eficacia frente a los anteriores gestores de esas áreas. El balance de los primeros cien días permite apreciar un cambio de estilo en el que prima la exigencia de resultados por encima del consenso. La apuesta es arriesgada y supone asumir la responsabilidad en solitario. De los resultados dependerá la valoración final del nuevo proyecto de Aznar. Paradójicamente, la mayoría absoluta se ha traducido en una mejora de las relaciones con el principal partido de la oposición, el PSOE, sumido en la crisis tras las elecciones por la dimisión de su secretario general, Joaquín Almunia. Es una nueva relación impensable cuando Felipe González planeaba sobre el PSOE. La primera entrevista entre Aznar y el nuevo líder del PSOE, Rodríguez Zapatero, no ha hecho sino confirmar esta mejora de las relaciones. Todo indica que esta buena «química» entre ambos puede traducirse en pactos y acuerdos sobre cuestiones fundamentales. Ruptura con el PNV En cambio, la relación con la formación de Xabier Arzalluz se ha hecho insostenible. El diálogo político entre ambas fuerzas políticas _ex-socios de Gobierno_ se rompió a finales de 1999. Desde entonces, el intercambio de acusaciones no cesa. El PNV ha quedado excluido del diálogo que el Gobierno mantiene con el resto de fuerzas políticas en materia antiterrorista. Con su otro ex-socio, CiU, la relación es menos tensa. Los catalanes hacen una valoración «positiva» de la política económica en este primer tramo de legislatura, pero no disimulan su descontento por las formas y algunas de las medidas como el desfile militar en Barcelona. Desde la Generalitat se asume que el PP tiene ahora la sartén por el mango, pero, por si no fuera así, José María Aznar se ha permitido el lujo de recordar públicamente ante los primeros atisbos de crítica por parte de CiU que el PP ganó por mayoría absoluta, por si alguien lo dudaba.