La depuración del agua residual es esencial para la salud de las personas y el cuidado del medio ambiente
26 nov 2014 . Actualizado a las 10:49 h.El vertiginoso aumento de la población y el hecho de que la mayor parte de las personas vivamos en zonas urbanas provoca que, en muchos países, incluidos los desarrollados, las infraestructuras de depuración y saneamiento del agua, cuando existen, estén sobresaturadas. Además, en países como Brasil, la India o China, el desarrollo está teniendo lugar a un ritmo tan veloz que el tratamiento de las aguas resulta inviable. Como resultado, los desechos biológicos y químicos se vierten directamente a ríos y lagos y alcanzan las aguas subterráneas contaminando todo el ciclo del agua.
Todo esto supone un inmenso problema si tenemos en cuenta que las necesidades básicas de agua son de entre 20 y 40 litros diarios por persona. Esto si solo tenemos en cuenta el agua para beber y saneamiento, porque, si añadimos la necesidad de cocinar y lavarse, la cantidad aumenta hasta los 50 litros diarios por persona.
LAS SOLUCIONES
Además de causar el envenenamiento de las personas, los agentes contaminantes pueden provocar el deterioro de ecosistemas enteros. Por ejemplo, el aporte a los ríos y la costa de enormes cantidades de nutrientes, como los nitratos y los fosfatos procedentes de los abonos, provoca un crecimiento desmesurado de algas y microorganismos que agotan el oxígeno que necesitan para respirar los peces y demás seres acuáticos.
Las sequías e inundaciones agravan el problema porque concentran y transportan los sedimentos, nutrientes, carbono orgánico disuelto, patógenos, plaguicidas y sal. Y en este sentido hay que tener en cuenta que los científicos creen que el cambio climático aumentará la frecuencia de este tipo de acontecimientos, del mismo modo que el aumento del nivel del mar provocado por el calentamiento global supondrá que el agua salada inunde zonas costeras y algunos cauces de aguas subterráneas.
La receta de la solución de estos problemas tiene tres ingredientes. Prevenir la contaminación es el primero de ellos, pero casi nunca es fácil y no siempre es posible, sobre todo en países con muy pocos recursos. El segundo es el tratamiento, en el que se ha avanzado mucho en algunos países industrializados, pero que continúa siendo una asignatura pendiente en los países subdesarrollados y en vías de desarrollo, especialmente los africanos. En España, sin ir más lejos, solo el 50 % de las ciudades con más de 15.000 habitantes cuenta con depuradora. El tercero es la restauración, que viene a ser como una terapia aplicada al agua enferma de contaminación, por lo que es el más costoso de los tres remedios, máxime si tenemos en cuenta que muchas veces implica restablecer las características naturales originales de todo un ecosistema.
PARA SABER MÁS
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