Se pueden encontrar variadas y numerosas oportunidades para participar. Seguramente existe ya un proyecto de ciencia ciudadana que coincide con una afición, interés o curiosidad tuya. La participación es sencilla. Es muy habitual que puedas utilizar tu teléfono móvil o tu ordenador conectado a Internet para recoger datos, enviar observaciones y ver resultados. Se trata de plataformas accesibles que permiten, por ejemplo, unirse a la NASA para medir el ruido y la contaminación lumínica. Otras veces son aplicaciones móviles que invitan a los participantes a compartir fotografías y observaciones de la naturaleza en sus jardines y parques. Con algunos proyectos, como YardMap, los voluntarios no tienen que salir de su casa para participar.
La ciencia y la ciencia ciudadana tienen las mismas raíces históricas, que las unen a aquellas personas que buscaban descubrir en su tiempo libre. Cuando la ciencia se convirtió en profesión, allá por 1800, las contribuciones de científicos no profesionales continuaron. Y ahora, una vez más, la profesión científica se une a la participación libre. Numerosos estudios recientes han demostrado que los datos recogidos por voluntarios son tan fiables como los recogidos por profesionales. En aquellas áreas de investigación más complejas se han desarrollado nuevas técnicas estadísticas para asegurar la calidad de los datos, en particular en investigaciones que requieren tratar enormes cantidades de datos.
Lo cierto es que el número de estudios que se benefician de la ciencia ciudadana no deja de crecer con el tiempo. Y el espíritu de todos estos proyectos es que cualquier persona, en cualquier lugar, puede participar en una investigación científica que aportará datos y hechos con significado propio.