Una historia de accidentes evolutivos

> Patricia Barciela patricia@casadelasciencias.org

ESCUELA

The Jane Goodall Institute

El hallazgo de una nueva especie de homínido arroja más luz sobre la historia del ser humano

17 oct 2012 . Actualizado a las 11:51 h.

Este verano se descubría en un yacimiento de Kenia (África) una nueva especie de homínido que convivió con el Homo erectus y el Homo habilis. El nuevo miembro de la familia humana, al que aún no se ha puesto nombre, arroja más luz sobre los primeros momentos de la evolución humana tras separarnos de los primates.

Y así es como se entreteje la historia de los seres humanos. Una historia que tiene mucho que ver con el azar, con cambios en nuestros genes que triunfaron y nos hicieron ser como somos hoy.

Hasta ahora se han identificado varios cientos de mutaciones que nos han afectado de alguna manera. Vendrán más descubrimientos, pero localizar estos cambios en el ADN no es el único desafío. Queremos comprender su significado. Estamos dando los primeros pasos de una ciencia compleja, pero ya hemos echado un vistazo a muchos de los puntos clave de la evolución humana, incluyendo la rápida expansión de nuestro cerebro, la aparición del lenguaje o el origen del pulgar oponible de la mano. Estos son algunos de los accidentes evolutivos que han llevado hasta la persona que eres hoy.

De cráneo

Los humanos tenemos unos músculos mandibulares pequeños en comparación con nuestros parientes los primates. Esto podría deberse a una mutación en un gen llamado MYH16, que codifica una proteína muscular. La mutación inactivó el gen, provocando que los músculos de nuestra mandíbula tengan una versión diferente de esa proteína. Por eso son más pequeños, y al tener un tamaño menor podrían haber permitido el crecimiento de un cráneo más grande. Parece que esta mutación pudo haber tenido lugar hace unos 2,4 millones de años, justo antes de la expansión del cerebro humano.

Nuestro cerebro es uno de los rasgos característicos de nuestra especie. Es tres veces más grande que el de nuestro pariente más cercano, el chimpancé. Cojamos el gen ASPM. Sabemos que experimentó cambios importantes justo cuando los cerebros de nuestros ancestros se estaban expandiendo. Cuando se compara la secuencia de este gen en humanos con el de siete primates y otros diez mamíferos, se ven varios rastros de una evolución muy rápida desde que nuestros antepasados se separaron de los chimpancés.

Todos los pensamientos que alberga nuestro cerebro requieren una cantidad extra de energía. El cerebro utiliza un 20 % de nuestra energía en reposo, comparado con el 8 % de otros primates. Se han encontrado varias mutaciones que podrían haber ayudado a atender esta demanda. Una es una parte del RNF213, un gen responsable del estrechamiento de las arterias cerebrales. Cambios en este gen podrían haber mejorado el suministro de sangre al cerebro al aumentar el tamaño de las arterias.

Al habla

Si crías a un chimpancé como a un humano desde su nacimiento, aprenderá comportamientos como vestir ropa o comer con cuchillo y tenedor. Pero lo que nunca podrá aprender es a hablar. Sería imposible para un chimpancé hablar como nosotros por una diferencia en sus gargantas y cavidades nasales.

El gen humano FOXP2 juega un papel en el aprendizaje del lenguaje: que específicos movimientos vocales generan ciertos sonidos, o incluso las reglas de la gramática. La mutación que se ha encontrado en este gen es el mejor ejemplo que tenemos de influencia en el desarrollo del lenguaje humano. Aún no se ha encontrado otro cambio genético que dé una idea mejor de lo que sucedió.