La tecnología da a algunos problemas médicos soluciones que parecen ciencia ficción
11 abr 2012 . Actualizado a las 12:19 h.En 1995, cuando Internet empezaba a popularizarse en Estados Unidos y en España apenas se sabía de ella en los ámbitos académicos, Nicholas Negroponte publicó un libro titulado Ser digital en el que avanzaba la revolución que iba a suponer que vivamos en un mundo cada vez más digital. Y lo cierto es que ya no concebimos un mundo en el que no podamos tener acceso instantáneo a cantidades ingentes de información o en el que no podamos comunicarnos con cualquiera de nuestros, sin importar dónde esté y enviarle documentos, fotos, vídeos, etcétera.
Pero el mismo Negroponte reconoce que, si hay un campo cuya importancia no vio venir y que hoy en día incluiría en una hipotética edición revisada de su libro, este sería el de la biotecnología. La biotecnología es la aplicación en organismos vivos y procesos biológicos de ingeniería, tecnología y medicina y, aunque suena a moderno, en realidad podría argumentarse que llevamos años ejerciéndola, aunque sea de forma intuitiva, seleccionando organismos cuyas características nos interesan o creando híbridos que se adapten a nuestras necesidades.
De todos modos, Negroponte se refería al campo en el que el silicio se encuentra con la célula, que quizás podría quedar enmarcado en el campo de la ingeniería biomédica, aunque las fronteras entre una cosa y otra cada vez parecen más difusas. Comenzando con la aplicación de técnicas derivadas de la ingeniería eléctrica y electrónica para la construcción de instrumentación médica, se están produciendo avances que permiten lo impensable hace unos años.
Órganos artificiales
Hay proyectos para diseñar una bomba que mide continuamente el nivel de azúcar en sangre de los diabéticos para soltar en su torrente sanguíneo la cantidad justa de insulina, no como ahora, que se actúa a bulto, con el consiguiente riesgo de pasarse con la dosis o de quedarse corto. Por ahora los prototipos son externos, pero no falta mucho para que se diseñe uno interno cuyo depósito de insulina se pueda recargar a través de la piel con un pinchazo y sus baterías mediante inducción, un proceso similar al que hoy en día permite cargar algunos dispositivos móviles sin enchufarlos.
Yendo un poco más allá, la NASA está trabajando en el desarrollo de unas biocápsulas fabricadas con nanotubos de carbono en cuyo interior podrán vivir células capaces de producir una sustancia determinada y de irla liberando. En estas biocápsulas, las células de su interior vivirían de los nutrientes presentes en la sangre de la persona, con lo que podrían llegar a durar tanto como el paciente mismo y convertirse en una solución permanente.
Nervios y electrónica
Claro que todas estas ideas palidecen cuando empezamos a considerar el desarrollo de interfaces que permitan recibir señales de los nervios y transmitirlas a los músculos, o al revés, recibir señales externas y transmitirlas a los nervios y de ahí al cerebro. Pacientes con daños en la médula espinal podrían volver a caminar puenteando mediante algún dispositivo de este tipo el lugar en el que esta estuviera dañada, haciendo que las señales nerviosas volvieran a fluir tanto para causar el movimiento como para controlarlo.
En pacientes amputados, hay extremidades artificiales experimentales capaces de leer las señales que envía el cerebro a los nervios del muñón para controlar el movimiento y que ofrecen también retroalimentación para que la persona que las lleva pueda manejarlas con precisión.
En el catálogo de avances cabría citar también los implantes cocleares, que llevan años en uso, o los experimentos con cámaras que envían señales al nervio óptico para que los invidentes recuperen la visión, algo que hoy en día está aún lejano.
Claro que la polémica inevitable es qué pasará cuando todos estos avances den sus frutos y la biotecnología pueda producir humanos que sean más que humanos. ¿O dejarán entonces de ser humanos?