Y la gente votó a Feijoo

Laureano López
Laureano López CAMPO DE BATALLA  

ELECCIONES 2016

La victoria de Feijoo fue más aplastante que la más aplastante de las victorias de Muhammad Alí. De un golpe, mandó a todos a la lona. El caso se estudiará en las universidades, porque ganar con mayoría absoluta es extraordinario; ya nadie excepto él lo hace. Frente al jaleo de los pactos poselectorales (en Galicia, el bipartito produce de todo menos nostalgia) y al caos que viene de Madrid, se impuso su llamamiento a la estabilidad. Pero hay más, porque el «que viene el lobo» no funciona si no hay más. Al lobo hay que añadir que Feijoo fue el más creíble de los candidatos, y su imagen y su gestión al frente de la Xunta son bastante indiscutibles. Lo han dicho las urnas. Sin que ello desmerezca su victoria, cierto es que tampoco había mucho rival, y cuando lo había, tenía lío en campo propio. Envuelto Leiceaga en los perennes idus socialistas, y con Sánchez en modo pirómano, bastante ha tenido con bajar solo cuatro diputados. El BNG llegaba a las urnas con la lengua fuera producto de sucesivas traiciones (ahora les llaman escisiones), pero su candidata supo operar con notable éxito: convirtió la hemorragia en pupa casi de recreo. A Ciudadanos no se sabe muy bien si los mató el voto útil o su estrategia inútil (tan poco gallega). En Marea maquilla su resultado con un pobre sorpasso (solo en votos). Al partido instrumental le fallaron hasta Iglesias y Errejón. Su candidato tampoco anduvo fino. Solo se pareció a Beiras en el insulto. En Marea se veía primera fuerza, la autoproclamada fuerza de «la gente». «La gente» le respondió llevando a Feijoo en volandas a Monte Pío. Salvo que ahora, claro, digan que casi 700.000 gallegos (más que la suma de los que votaron a PSOE, En Marea y BNG) no es gente.