Descontentos con los descontentos


Hubo sorpasso, pero no el que se daba por hecho: sucedió en Galicia y fue del PSOE a En Marea, que en diciembre había rebasado en votos a los socialistas. El tiempo dio la razón a Rajoy y a Feijoo: el PP sube más de cuatro puntos sobre diciembre. Fue el triunfo de los partidos tradicionales frente a quienes se disfrazaron de ellos, de centristas o de socialdemócratas. Una victoria, eso sí, moderada, de aquellos a los que los derrotados llaman «casta». Anoche afloró, en España y en Galicia, el descontento con los descontentos. Imposible extrapolar los datos a lo que sucederá en octubre (o en noviembre) en Galicia, sitio distinto, pero estos resultados dan alas a un posible tercer gobierno de Feijoo, en solitario o con el apoyo de los diputados -si los hubiere para entonces- de Ciudadanos, una de las grandes víctimas de la jornada de ayer en Galicia y en España. La mala suerte del partido de Rivera, o sea, de Rivera (él es el partido, no hay más) es que los gallegos ya están al día de lo mucho que le interesa Galicia: nada. La versión autonómica de Podemos sufrió un brexit en las urnas. Es sintomático su resultado en Santiago, A Coruña y Ferrol, ciudades donde gobierna. No se puede decir que hayan perdido fieles, sino apoyos, porque esos fieles eran hace dos telediarios fieles de otros, y para ser fiel a una causa hay que serlo en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, que es por donde campa ahora el BNG. El nacionalismo está en franca retirada en Galicia desde el punto y hora en que muchos nacionalistas creyeron que era mejor tener un escaño que una ideología. Optaron por lo primero, que además tuvo premio versión finiquito. El resto, los nacionalistas genuinos, son, al menos el 26J, testimoniales. El guion del PSdeG está por escribirse. Quién sabe si habrán aprendido de sus propios errores, y de los cometidos por Pedro Sánchez. ¿Se sentará Leiceaga a negociar con quienes querían enterrarlo? De momento se ha librado de ser fagocitado por En Marea. El resultado de ayer generará recelos y nervios (más, muchos más) en una coalición que, por no tener, ni tiene candidato.

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