Todo igual, pero tan distinto


Seis meses después, los españoles siguen donde estaban. Algo obvio, porque la gente no va cambiando de opinión de un día para otro. Pero a los partidos no les ha importado paralizar la gobernación del país durante medio año y someter a los ciudadanos al gasto y la tensión de unas nuevas elecciones para comprobar lo evidente. Porque todo sigue igual. O casi. Aunque ese casi es ciertamente muy importante, histórico incluso, porque podría suponer un cambio en el liderazgo de la izquierda. En realidad es lo único que varía, y es fruto más de una operación de laboratorio, la coalición Podemos-IU, que de un cambio en la posición de los ciudadanos. Aquella unión que Pablo Iglesias despreció entonces es lo que explica su impulso en las encuestas y su bloqueo político durante los últimos meses para forzar unas nuevas elecciones en las que hacer posible su sueño del sorpasso. Un triunfo que pagamos todos.

Y que no va a ayudar a desbloquear la situación política. Al contrario. El Congreso se polarizaría entre las dos fuerzas políticas que más problemas tienen para dialogar con las demás. Ahora mismo cuesta imaginar al PSOE apoyando a uno o a otro, tanto como la fantasía de Sánchez de gobernar con Ciudadanos. Así que corremos el serio riesgo de que, cambie lo que cambie en las elecciones, después sigamos igual. Salvo que quienes hacen de tapón se vayan a casa.

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