Ante el abismo


Las encuestas, encuestas son, y ni hay que considerarlas un oráculo infalible ni es bueno despreciarlas porque no convienen o no gustan. El sondeo del CIS ha dinamitado el inicio de la campaña con la amenaza de ingobernabilidad y la debacle del PSOE. Se correspondan o no los datos demoscópicos con lo que digan los españoles el día 26, lo innegable es que han sacudido la espina dorsal de un partido adormecido hasta ahora en su propia desorientación e indefinición. La misma que está hundiendo al resto de los partidos socialistas europeos. Pero ya se sabe, mal de muchos consuelo de tontos.

La izquierda que contribuyó decisivamente a construir una nueva Europa y a levantar el Estado del bienestar -ese que despreciaba como burgués aquella otra izquierda que hasta ayer mismo no se contentaba con otra cosa que no fuera asaltar los cielos-, ahora se humilla por su mala conciencia y se deja arrebatar hasta su propio éxito. El PSOE es hoy un partido roto e inerme que está a punto de dejar escapar por el desagüe más de cien años de historia por su incapacidad para renovar su discurso y la carencia de un liderazgo que marque el rumbo. Sus barones se repliegan a su territorio porque prefieren la comodidad de su refugio que arriesgarse en la aventura de luchar por alcanzar el horizonte con el que soñaron sus antecesores. Los socialistas tienen dos semanas para intentar capear el temporal. Pero si no dan un giro copernicano, el abismo se los tragará.

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