Un debate cojo para una discusión vibrante


«No puede ser jefe de Gobierno una persona que no acepta un debate público con un político democrático». La cita no es de un líder de la oposición. Es una declaración de Manuel Fraga en 1982, en la precampaña de las elecciones que ganó Felipe González, recuperada ayer por lavozdegalicia.es. Y así debe ser. No hay democracia sin libre, plural y pleno debate de ideas. Hurtarse por estrategia política va en contra del interés ciudadano, que es el bien supremo de una democracia. Ninguna excusa justifica la ausencia de Rajoy, que no puede ser quien decida a qué debates va y a cuáles no. Especialmente él, porque es el presidente y, por lo tanto, es quien debe rendir cuentas de su gestión. Es la esencia de la democracia. Por ello, los debates deberían ser obligatorios por ley, y en todo caso, por conciencia democrática.

Porque las explicaciones de Sáenz de Santamaría en este sentido fueron lo menos creíble de cuando dijo durante toda la noche. La vicepresidenta fue la voz de Rajoy y replicó al pie de la letra el argumentario del presidente: una cosa es hablar y otra gobernar, la experiencia frente al aventurerismo. Cada uno con su lastre. El pasado de PP y PSOE pesa mucho, y se vio especialmente en el tramo de la corrupción, el más vibrante de la noche junto con el de Siria. Fácil, en teoría, para los emergentes. Pero mostraron lagunas y bisoñez en algunas propuestas. Y eso quedó en evidencia en el intercambio de argumentos. Lo cual demuestra que los debates son indispensables. Y con formatos abiertos, pensados para rendir cuentas, no para hacer campaña. Lo prueba el debate de ayer, vibrante gracias a los intervinientes, pero cojo por la ausencia.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
4 votos
Comentarios

Un debate cojo para una discusión vibrante