Una ciudad de indecisos


Tienen nombre y apellidos. También, muchos, dificultades para llegar a fin de mes. Otros, no. Según la última encuesta de Sondaxe, son 232.000. Juntos forman la friolera de la tercera ciudad de Galicia. También los hay, claro, en el As Pontes de la foto, uno de los 314 concellos gallegos en los que estos días se cuece el nombre del futuro alcalde, o alcaldesa. Los indecisos forman una fauna variada, pero muchos de ellos lo son porque se han llevado un chasco grande en otras convocatorias electorales. Ahora, les cuesta creerse las palabras de estos señores y señoras que, folleto en mano, pasean por las calles de Galicia, escuchando o haciendo que escuchan, sonriendo. Saben que, pronto, la inmensa mayoría desaparecerán como por arte de magia del escrutinio público, cerrarán sus cuentas de Twitter, ya no preguntarán ¿cómo está usted?... Los indecisos no entienden por qué sucede esto, ni por qué los nuevos partidos no aclaran qué quieren. No se fían. Quizás por eso sigan indecisos. Qué votar y para qué. He ahí la cuestión. Los indecisos saben que esto no es Inglaterra. Aquí, los perdedores nunca se van. Los perdedores -y esto, claro, contribuye a generar más indecisos- acaban de vicepresidentes de la Diputación.

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