Quedó inaugurada la campaña electoral, aunque algunos, como Beiras, se recogieron pronto, quizás un símbolo de que las mareas no serán tsunamis. La imagen de la derecha, tomada antes de la pegada en Bertamiráns (en Ames, 29.975 vecinos, decimotercer concello de Galicia, gobierno del PP en minoría) cuenta cómo se puede celebrar la fiesta de la democracia sin dañar el mobiliario. De esto, de mobiliario urbano, etcétera, iban las elecciones, hasta que aparecieron en escena Rajoy, Feijoo, Besteiro, Sánchez, Rivera o Iglesias, que en realidad nunca se fueron, sembrando dudas sobre el electorado. El tablón improvisado explica gráficamente cómo se atomizan los votos, y habla de las dificultades que tendrá un solo partido para formar gobierno. De ahí el grito de auxilio de Feijoo por el gobierno de la lista más votada, que nadie tendrá en cuenta, como tampoco lo tendría en cuenta él si, por ejemplo, fuera el líder del BNG. Como tampoco ningún candidato explicará qué pretende hacer, y con quién. Ni habrá diálogo porque, aquí y en Andalucía, diálogo significa concesión, derrota. Lo opuesto a esta (clase) política.