Albert Rivera pone a todos los partidos contra él al afirmar que solo los nacidos después de 1978 pueden aspirar a regenerar la política española
13 may 2015 . Actualizado a las 05:00 h.«La regeneración democrática y política de este país pasa por gente que haya nacido en democracia, por gente que no tenga mochilas, por gente que no tenga dinero en Suiza, por gente que no tenga casos de corrupción». Albert Rivera ha provocado el primer incendio de la campaña electoral con esta propuesta, que supone jubilar de la política a todos los españoles que nacieron antes de 1978. El líder de Ciudadanos consiguió así algo casi imposible: la unanimidad de todo el arco parlamentario. Desde la derecha hasta la izquierda, pasando por los nacionalistas, todas las fuerzas política coincidieron en descalificar a Rivera y en tachar de tontería su propuesta.
Pero lejos de rectificar sus afirmaciones del pasado lunes, Rivera insistió ayer en que sería bueno que la regeneración «la encabezara gente nacida en democracia y sin las mochilas de corrupción política». Matizó que no pretende excluir a nadie, pero que «es bueno» que gobierne gente que ronda los cuarenta años, con «una pequeña experiencia política y, sobre todo, que no han estado gobernando».
Dejaría fuera a sus candidatos
Su propuesta, que excluye incluso al líder del PSOE, Pedro Sánchez, nacido en 1972, resulta sorprendente si se tiene en cuenta que el 79 % de los miembros del comité ejecutivo de Ciudadanos nacieron antes de 1978 y que un 86 % de los cabezas de lista de este partido en las capitales tiene más de los 37 años en los que Rivera sitúa el límite para aspirar a regenerar la democracia.
El portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando (1961), exigió incluso al líder de Ciudadanos que pida «perdón» a todos los españoles que han podido sentirse «ofendidos» por unas declaraciones que consideró «despreciables», y que tenga «más respeto y menos ocurrencias». «Si esa hubiera sido la teoría que se hubiese utilizado no habríamos tenido proceso ni de transición ni Constitución», añadió Hernando. La también popular Rita Barberá (1948) alcaldesa de Valencia, aconsejó a Rivera «que respete a los mayores y que no se meta con ellos, que son muchos».
Desde el PSOE, su portavoz en el Congreso, Antonio Hernando, (1967) contestó a Rivera que «la regeneración, el cambio político, no es un cuestión de biología, sino de convicciones y de principios». Y el candidato socialista a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Ángel Gabilondo (1949), aunque reconoció que los jóvenes están dando «un impulso muy grande a la democracia», añadió que «nadie por razones de sexo, religión o edad debe ser excluido y menos de la participación democrática». «Yo creo en el pacto intergeneracional, que todos somos muy necesarios, imprescindibles», afirmó. Otra veterana política, la líder de UPyD Rosa Díez (1952), tachó de «insulto a la inteligencia» y de «gesto de improvisación e inmadurez política» lo dicho por Rivera.
El portavoz del PNV en el Congreso, Aitor Esteban (1962), aseguró conocer «a gente de veinte años con mucho sentido común y mucho sentido de la política, al igual que gente de setenta, y al revés». Hubo críticas incluso entre los más jóvenes que Rivera, como el candidato de IU a la presidencia del Gobierno, Alberto Garzón (1985), quien señaló que «lo que necesita este país son ideas nuevas, no solo líderes jóvenes, porque nos podemos encontrar con líderes jóvenes que representan ideas viejas», lo que «puede ser el ejemplo muy claro de Albert Rivera».