Ocho claves de los buenos colegios

Coordinar el trabajo de docentes y familias y confiar en el alumno son factores que se repiten en los centros destacados


Redacción / la voz

¿Qué hace que un colegio sea bueno? El equipo de investigación de Luis Lizasoain, profesor de Métodos de Investigación en Educación en la Facultad de Educación del País Vasco, realizó un estudio a partir de datos estadísticos y lo completó con una visita a los centros y un análisis de su funcionamiento. Todo esto le ha permitido establecer de forma objetiva las claves de los «centros de alta eficacia escolar», que podemos traducir coloquialmente por «buenos colegios».

El término técnico hace referencia al centro que está sustancialmente por encima de la media de su entorno, ya que los estudios apuntan a que el nivel sociocultural de la familia es el factor diferenciador del alumnado, más allá de la titularidad del centro, el barrio de residencia o el país de procedencia del estudiante. Cada grupo social tiene unas puntuaciones medias y aquel que supera en mucho lo habitual de su espacio sociocultural podría definirse como buen colegio. El estudio de Lizasoain destacó aquellos centros que mejoraban en 22 puntos la media asignada a los colegios del mismo ISEC (un indicativo de ingresos familiares) y aquellos que estuviesen 22 puntos por debajo.

«Encontramos bastantes ámbitos de contraste entre unos colegios y otros -explica Luis Lizasoain- pero no los hemos querido jerarquizar, decir qué es más importante, porque depende mucho de las circunstancias del centro». Según su investigación, hay al menos ocho factores que se repiten en los centros más eficaces y muchos son fácilmente exportables:

Liderazgo educativo

Condición obligada. Es necesaria para la estabilidad de los proyectos. Si la dirección no colabora, los profesores más activos se convierten en «francotiradores» que a la larga se queman

Formación permanente

En el centro. «No se trata de formarte en lo que te interesa, que también, sino en que el centro tenga un proyecto y vaya formando a sus profesores para poder desarrollarlo», dice Lizasoain. 

En Galicia. Este sistema funciona muy bien en la escuela pública, y el curso pasado lo siguieron el 60 % de los centros. 

Altas expectativas

Confianza en su futuro. Es uno de los asuntos más novedosos: «Un día, visitando un centro de bajo rendimiento salimos al patio y la directora me dijo: ‘‘¿Pero qué quieres que haga con esto?’’». Hay que creer en el potencial del alumnado, apunta el investigador, tanto la familia como el claustro. 

Ejemplo gallego. Eso pasa por ejemplo en el IES Luís Seoane de Monteporreiro (Pontevedra), donde se anima a todos los estudiantes a ir a la universidad, algo que hace tiempo era impensable. 

Relación con las familias

Formar equipo. Es difícil de conseguir en la adolescencia, pero hay centros que han hecho de la relación con el entorno un eje de su política educativa. Y les funciona muy bien, porque las familias que se sienten escuchadas e integradas suman. 

El ejemplo de O Milladoiro. El IES do Milladoiro ha creado una red y se ha convertido en el centro de muchas actividades en las que se reúnen alumnos, familias y vecinos ajenos al mundo de la educación. 

Buen uso del tiempo

Gestión necesaria. Es otra de las características menos conocidas. «A veces -apunta el investigador vasco- en el cambio de clase se pierden diez minutos y eso al cabo de la semana es mucho tiempo por asignatura. En otras ocasiones, las conductas disruptivas frecuentes reducen a menos de media hora la actividad lectiva propiamente dicha». 

Coordinación interna

Habilidad «soft». Trabajar de forma coordinada entre profesores y departamentos permite evitar repeticiones y contradicciones, y maximiza el esfuerzo de cada docente. 

Atención a la diversidad

El refuerzo, fundamental. Los buenos colegios hacen una detección rápida de alumnado con NEE (necesidades educativas especiales) y consiguen un refuerzo para atenderlo. Profesores de apoyo, especialistas y clases extra son las ayudas que más éxito tienen. 

Metodologías activas

Importante, pero no esencial. Aunque es importante que el centro esté abierto a metodologías activas, «no está tan claro que eso mejore la situación del colegio por sí mismo», apunta Lizasoain. Eso sí, los buenos colegios animan a los profesores a investigar opciones que se adapten al entorno y no entorpecen las iniciativas docentes. 

Estos son ocho factores que caracterizan a los buenos colegios, aunque la investigación vasca también apunta a otros como el clima escolar, la estabilidad de la plantilla, la cohesión del claustro o la evaluación permanente. 

¿Y los centros de baja eficacia?

Lizasoain reflexiona: «Igual que uno dice ‘‘aprobé’’ y ‘‘me suspendieron’’, en estos centros la explicación de sus malos resultados siempre es cosa de los demás, ya sea el entorno o la inestabilidad de las plantillas». El profesor vasco apunta que a los docentes «no hay que pedirles que sean héroes, aunque sí exigirles profesionalidad y compromiso», y el sistema actual no incentiva en la educación pública la permanencia del profesorado en centros de entornos poco favorecidos: «El incentivo no tiene por qué ser económico, y de hecho los profesores no piden subida de sueldo en estos casos. Lo que les gustaría tener es más apoyo de especialistas y mejor formación», dice Lizasoain.

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