El crecimiento de la Universidad

Tercera entrega de la serie sobre los primeros pasos del campus en Ourense


Un paso muy importante en la configuración del actual Campus fue la expropiación, por parte del Concello, de una parcela de propiedad particular cercana a la carretera de Ponferrada y la cesión, por parte de la Diputación, del Hogar Infantil (escritura firmada ante el notario José Cora Guerrero el 23 de octubre de 1992) para poner a disposición de la Universidad el terreno suficiente para construir un nuevo edificio destinado a acoger la Facultad de Ciencias y la Politécnica, ya que desde el 12 de febrero de 1991 había sido aprobada la inversión de la Consellería y los fondos FEDER, que alcanzaba el notable importe de 660 millones de pesetas, presupuesto que luego se superó cuando se aprobó, a iniciativa mía, incluir un Paraninfo (ahora llamado salón de actos Marie Curie) y un Aula Magna para exámenes masivos. El responsable de la magnífica obra fue el arquitecto ourensano Miguel Pérez Moreiras.

Otro aspecto fundamental del actual Campus fue su ampliación. Yo creo que el origen estuvo en una larga reunión, de cerca de cuatro horas, que mantuvimos en el Concello de Ourense el arquitecto Luis Chao, entonces portavoz del PP, y el aparejador Juan Carlos Mosquera Bacariza, del CDS, y el que esto escribe, y allí se decidió que el lugar idóneo (por su cercanía con el ya existente y su ubicación) para ampliar el Campus era el otro lado de la carretera de Ponferrada en las 17 hectáreas que habían sido adquiridas por la multinacional Alcampo. En un principio la idea, que no se llevó a cabo, era compensar ese terreno en la Finca Sevilla, propiedad de la Diputación; después, la siguiente Corporación presidida por Veiga Pombo mantuvo la propuesta de mantener la ampliación en ese lugar; y finalmente, propiciado también por José Luis Baltar, la Consellería de Política Territorial, entonces dirigida por José Cuíña, expropió esos terrenos para cederlos posteriormente a la Universidad. Eso ha permitido que después en esa gran parcela, que ahora se llama Campus Sur, se pudiera construir el edificio Jurídico-Empresarial, la Biblioteca Central, el Pabellón de Deportes, el reciente del Campus del Agua y otros edificios menores.

Como no había nada, todo había que procurarlo. Y una cosa que era sumamente necesaria era una residencia que acogiera a los futuros estudiantes de fuera. Después de buscar un edificio que pudiera cumplir con estas necesidades (uno de los que pretendimos fue el Seminario Mayor, escasamente habitado entonces y que pensábamos que podía ser económicamente beneficioso para la Diócesis y también satisfacer nuestras carencias), el profesor Ennes y yo encontramos un inmueble vacío (construido por nuestro famoso obispo Quevedo), en el centro de Ourense, que había albergado antes el llamado Colegio Menor y la Escuela de Comercio en el parque de las Mercedes.

Con una inversión de 100 millones de pesetas de la Consellería de Cultura se dota al Campus de su primera residencia juvenil mixta, que recibió el nombre de Florentino López Cuevillas, contaba con setenta plazas y se reservaba un número determinado de habitaciones para docentes que vivían fuera. Fue inaugurada por el conselleiro Daniel Barata en presencia del alcalde de entonces, José Luis Mondelo, y otras autoridades.

El Decreto 192/1993, publicado en el DOGA de 17 de agosto, concedía autorización de nuevos estudios y se creaban más centros en el sistema universitario de Galicia, de los cuales nos correspondieron a Ourense la Ingeniería Técnica en Industrias Agrarias y Alimentarias, la Licenciatura en Psicopedagogía, y las Diplomaturas en Trabajo Social y Educación Social, pero a costa de perder después los primeros ciclos de ciencias y de pedagogía y psicología.

Unos días después el rector aceptó mi dimisión, un poco cansado ya de mi responsabilidad y necesitado de más tiempo para poder preparar la cátedra adecuadamente, cosa que logré en noviembre de ese año.

Una ilusionante aventura por y para Ourense

La verdad es que yo puse toda mi voluntad y mi modesto saber para trabajar por el Campus de la mejor manera posible, pero solo fui uno más de entre tantos compañeros que con esfuerzo e ilusión se implicaron en luchar por mejorar las insuficientes condiciones de las que partíamos, resaltando en este sentido, por no personalizar, la ingente labor que llevó a cabo desde este 93 la llamada Plataforma proCampus. Y después, han pasado muchos años, muchas personas han tenido responsabilidades, han llegado nuevas titulaciones, se han creado infraestructuras necesarias, hay un nivel docente e investigador que pocos podíamos sospechar, en fin, diría para terminar que, gracias al esfuerzo coral y dedicación de muchos, disponemos ahora de un Campus bastante decente que no se parece en nada a aquel en el que empezamos a trabajar el pequeño y primer equipo del rector Espada y los equipos directivos, docentes y PAS del naciente Campus. Y esta mejora de la que hablo la podemos ampliar a toda la Universidad de Vigo en general. Al final, en estos casi 30 años pasados, creo que hemos avanzado notablemente. Quiero disculparme, querido lector si has llegado hasta aquí, porque me ha salido un texto un tanto extenso, pero como historiador tenía una deuda conmigo mismo y con los protagonistas de aquella ilusionante aventura de iniciar un importante camino para Ourense que todavía se construye paso a paso. Saldada queda.

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