Filosofía, una carrera para héroes

Sube la matrícula en la facultad compostelana pese al recorte de la materia en bachillerato y a sus escasas expectativas laborales

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santiago / la voz

La Facultad de Filosofía y Letras ostenta el dudoso honor de ser la que acumula un mayor índice de abandono. Entre los que se matricularon por primera vez en el 2015, el 64,7 % ya habían dejado la carrera a finales de este curso. Puede que tuviera algo que ver la densidad de las asignaturas, la constatación de las escasas salidas laborales y, quizás también, la decisión de laminar la presencia de la Filosofía en el currículo del bachillerato. Pintan muy malos tiempos para el pensamiento, al menos para el reglado. Y, sin embargo, la matrícula se ha revitalizado este año con casi sesenta valientes que han comenzado primero en la facultad.

Ariadna es de O Grove y Aldara de Carballo. Tienen 18 años y salen de clase con buena cara: «Estou moi contenta, si», dice la segunda: «Non é o mesmo que no bacharelato, aquí fanche pensar máis por ti mesmo». «Danche pautas para que rompas a cabeza, queren que penses algo», interviene la primera. Apenas han transcurrido un par de semanas de clase y las aspirantes a graduadas ya han asimilado la idea principal: pensar.

Durante los últimos meses, la facultad ha distribuido un eslogan que quizás también ayudara al repunte de la matrícula: «Pienso, luego estorbo». A nadie le gusta que le acusen de arrinconar el pensamiento, así que el afeitado que Educación le ha aplicado a la materia (deja de ser obligatoria en segundo de bachillerato y en cuarto de la ESO) fue contestado con ocho mil firmas sobre las que debe aún debatir el Parlamento gallego para ver si da marcha atrás o mantiene la caída en desgracia de la filosofía frente a otras asignaturas como la robótica o la oratoria. «Nos hemos entrevistado con todos los grupos políticos con representación parlamentaria y tenemos confianza en que haya un posición unificada», explicaba esta semana el decano, José Miguel Sagüillo. 

«Eres un rallado»

«En realidad sí que hay un poco de cachondeo. Otros estudiantes te dicen: “¿Filosofía? Eres un rallado”». Lo cuenta Xabier, un joven de Ferrol. Tiene 21 años y está en el tercer curso con asignaturas de segundo y primero. No se explaya mucho sobre la incomprensión que rodea la opción que eligió para ocupar estos años tan importantes de su vida. «Elegí esta carrera por un profesor del instituto. Pensé que sería bueno tener rigor y profundidad en las cosas». Tanto él como los otros estudiantes que se han unido al pequeño debate bajo la estatua de Montero Ríos se ratifican en la decisión que adoptaron en su día, muchas veces contra la opinión de sus padres, de elegir esta carrera: «Non se pode enfocar a educación só cara a unha saída laboral. Xa sabía que non vou ter moitas, pero iso non me pareceu un motivo para non matricularme», expone Paula, estudiante de segundo.

Todos se sienten decepcionados por los recortes aplicados a la materia en secundaria. Felipe, un estudiante de Ourense de 23 años, que califica el grado como «asequible», asegura que ya no va a renunciar a la carrera, pese a la merma de las expectativas laborales. En cualquier caso, la mayoría tienen marcado en el horizonte un proceso de oposiciones: «Me imagino que será la peor parte», aventura Xabier, quien asegura que el futuro que imagina está vinculado a la docencia y que ello le permita disponer de algo de tiempo para escribir sus «cosas». Ya se verá. De momento, llega la hora y los chavales vuelven a la clase a la que sus padres intentaron convencerles de que no fueran, la que es objeto de sorna por parte de sus compañeros, la que les aportará escasas expectativas laborales. Una clase, por lo tanto, solo apta para héroes.

El decano: «Nos estamos reinventando»

Admite el decano de Filosofía, José Miguel Sagüillo, que una de las principales tareas de los responsables de la facultad es convencer a los padres de los futuros alumnos. La mayoría de los que se matriculan lo hacen después de haber mantenido largas discusiones con sus padres, que son siempre reticentes frente a las dificultades laborales que intuyen para sus hijos graduados en Filosofía. «Es por un mensaje que hay por ahí que es medio falso y que dice que a la Universidad se viene a prepararse para encontrar un puesto de trabajo». Pero el decano es optimista: «Nos estamos reinventando», dice, negando que la única salida laboral para los graduados será la docencia: «Tenemos filósofos que son empresarios, otros que trabajan en fundaciones culturales...». No todo va a ser docencia.

En cualquier caso, hace ya más de diez años que no se convocan oposiciones para renovar el profesorado de Filosofía. También es cierto que el número de graduados que salen de la facultad cada año tampoco es exagerado: alrededor de veinte. 

«Porque me gusta»

«Eu estudio Filosofía porque me gusta», apunta una estudiante de primer curso. «Porque se te deixas levar só polas saídas laborais, todos estudaríamos o mesmo».

Algo más tarde, tres exalumnos se citan a la puerta de la facultad. No tienen muchas ganas de hablar de su experiencia, pero uno admite haber renunciado a falta de pocas asignaturas: «Ahora estoy buscando trabajo de lo que sea», afirma. Un segundo exalumno, con el grado ya completo, muestra su decepción por sus posibilidades laborales, aunque añade que últimamente está más animado porque su novia, también graduada, ha conseguido un puesto de profesora: «Pero en un colegio privado». La tercera es la joven profesora, pero prefiere no pronunciarse. Una pena, porque el suyo sí que era un caso.

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