Volver a clase con más de 80 años

Álvaro Sevilla Gómez
Álvaro Sevilla RIBEIRA / LA VOZ

EDUCACIÓN

CARMELA QUEIJEIRO

Treinta jubilados acuden al instituto Campo de San Alberto, en Noia. Allí aprovechan esta oportunidad para recuperar el tiempo perdido y aprender a sumar, leer y escribir

21 jun 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Saturnino Castro esconde en el bolsillo de su camisa una hoja escrita de su puño y letra. En la carta cuenta los pasos que ha dado en su vida: la posguerra, sus años en Alemania trabajando en la construcción, su vuelta a España... A sus 88 años asegura que «pasou as súas» aunque la sonrisa nunca lo ha abandonado, «hai que levar o día a día con alegría».

Saturnino Castro acudió al instituto Campo de San Alberto, en Noia, para «desoxidar a memoria». En el centro imparten un módulo titulado Ensinanzas Básicas Iniciais, diseñado para aquellos adultos que no han tenido la oportunidad de aprender a leer y escribir.

Al instituto acuden más de una treintena de jubilados donde aprenden lo que en su tiempo era un privilegio reservado a una minoría. La mayoría superan los 70 años, aunque Saturnino, a punto de cumplir los 89 es el decano de todos ellos. Pepita Gómez, Mercedes García, Pilar Iglesias, Manuela Berdullas, Mercedes Poseiro, Alicia Leiro y Ana Álvarez, son algunas de sus compañeras en clase.

De las treinta personas que acuden a clase, cerca de la mitad estuvo emigrada. El País Vasco, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos o Barcelona fueron algunos de los destinos. Marcharon jóvenes: «Non tivemos tempo de ir á escola. A nosa obriga foi a de traballar toda a vida. Agora o único que queremos é recuperar ese tempo perdido», asegura Pepita Gómez.

Justicia poética

Las dos aulas de EBI son el vivo reflejo de la justicia poética. Discuten sobre la actualidad, leen a los clásicos, aprenden matemáticas... Los treinta acuden a clase todos los días de la semana, aunque si hay entierros: «quédanos a aula baleira. Para eles é algo sagrado» asegura con una sonrisa la profesora.

Fuera de clase no es la primera vez que les dicen que «xa non é hora de poñerse a estudar». A pesar de las mofas, se muestran orgullosas del trabajo, «polo menos non pasamos a tarde xogando á brisca», aseguran.

La mayoría optó por matricularse cuando se jubilaron, aunque también hay casos de separación o pérdida de su pareja. Utilizan el instituto como un segundo hogar. «Non queremos que remate o curso», claman al unísono. En sus apuntes aparecen fragmentos de obras de Shakespeare, Camilo José Cela y Kapuscinski. José asegura que «aínda temos moito tempo para seguir aprendendo». Mercedes Poseiro pide la palabra por primera vez: «Está a vella a morrer, está a vella a aprender».