Reformas educativas y formación del profesorado


Todos los elementos que conforman un sistema educativo contribuyen a su resultado y a la consecución del fin último de la enseñanza, que es el desarrollo y la formación integral de los estudiantes.

Como ejemplos de dichos elementos constitutivos podemos citar la dotación económica que sostiene al sistema, el currículo, la ideología en que este se basa o el profesorado y su formación, de los que depende la metodología educativa.

Ninguno de los elementos del sistema puede prescindir de los demás pero, como artífices de la práctica educativa, los profesores y su formación pedagógica son fundamentales.

El profesorado español viene asumiendo durante las últimas décadas un continuo cambio de reformas educativas que no tienen en cuenta la necesidad de modificar la metodología y adoptar las innovaciones precisas para que esas reformas se lleven a la práctica.

Las innovaciones basadas en recursos tecnológicos no producen resultados si se utilizan con ideas pedagógicas tradicionales. Así todos los cambios son superficiales y no suponen verdadera modificación de la enseñanza, teniendo en cuenta que los conocimientos aprendidos y su memorización siguen considerándose lo fundamental tanto en la formación del profesorado como en los niveles educativos anteriores. Urge una renovación de las ideas pedagógicas que facilite verdaderamente la comprensión lectora, la resolución de problemas, que fomente y utilice la creatividad natural, el enseñar a pensar y la actitud crítica del alumnado.

Las «innovaciones» educativas existen desde el siglo pasado: la escuela nueva, la globalización en la enseñanza, los métodos de proyectos, el aprendizaje basado en problemas, el aprendizaje cooperativo y, concretamente, en la educación musical, las metodologías activas. Estas ideas pedagógicas no han surgido de la nada; en el siglo XVI Montaigne afirmaba: «La educación debe ser activa, basada en el ejercicio de las habilidades y capacidades naturales de los estudiantes y no una recepción pasiva de información y preceptos». Por su parte, Comenio escribía en el siglo XVII su obra Didáctica Magna, en la que figura la famosa frase: «No hay nada en el entendimiento que no haya pasado por los sentidos», idea que los psicólogos del siglo XX han demostrado científicamente.

Sin embargo nuestro sistema educativo conserva las ideas enciclopedistas a ultranza pasando por alto las teorías de pensadores psicólogos, biólogos y pedagogos como Dewey, Piaget, Vigotsky, Bruner, Kilpatrick, Freinet; o Willems, Kodaly o Dalcroze en el campo de la música; y otros muchos, cronológicamente intermediarios entre los citados.

Se mantiene la tradición memorística, partiendo siempre de la lectura, del libro o, en la música, de la partitura y no de la realidad percibida; es decir, siempre la cabeza baja sin siquiera otear la vida que está en derredor a disposición de los sentidos y al entendimiento de la realidad.

Según Ken Robinson, la educación occidental es entendida como paso para convertirse en profesor de universidad y solo precisa para ello del uso de la cabeza, así nos convierte en una cabeza andante.

Finlandia es el país que se considera modelo en cuanto a resultados educativos. Si analizamos algunas características de su sistema nos damos cuenta de que la distancia educativa que nos separa de ese país está muy por encima de la distancia geográfica que existe entre ellos y nosotros.

En Finlandia el profesorado tiene una gran consideración social y una gran exigencia en la admisión de futuros profesores, hasta el punto de que se admiten en las facultades a menos del 10 % de los aspirantes. Los profesores de los primeros cursos son más valorados por la importancia que se da a la educación primaria ya que esta se considera fundamental en el éxito de los estudios de los niveles superiores. Los estudios del profesorado requieren cinco años y la preparación tiene como objetivo convertir a los futuros profesores en expertos en educación.

Otras características del sistema finlandés son el fomento de la cooperación y no la competencia entre los alumnos, así como la atención personal que reciben los que van atrasados.

En los planteamientos pedagógicos se tiene en cuenta que los niños deben jugar el mayor tiempo posible para que vivan la infancia, lo que implica un desarrollo más natural y acorde con las necesidades afectivas y psicológicas.

Por otra parte, la metodología en el aula prescinde de las memorizaciones e incide en el desarrollo de capacidades fomentando la curiosidad, la creatividad y la experimentación. Se considera más importante aprender a pensar que el mero acopio de informaciones.

Entre estas y otras muchas características propias del sistema educativo finlandés podemos observar que es el reverso de la moneda de la situación española.

Urge la verdadera formación pedagógica y el conocimiento, en el sentido teórico y también práctico, del profesorado en todos los ámbitos y niveles educativos y la verdadera exigencia de competencias metodológicas en la formación del profesorado.

Urge la valoración de la enseñanza desde el comienzo, que es lo fundamental, la base, los cimientos de la inteligencia y el posterior desarrollo intelectual, del pensamiento y de las competencias de los educandos.

Estas necesidades de nuestro sistema educativo no van a conseguirse, sino todo lo contrario, con reválidas en edades tiernas ni, en el caso de la música, relegándola a la categoría inferior de aficionado o considerándola optativa en la educación general.

Josefina Alborés Núñez es Profesora de Pedagogía del Conservatorio Superior de Música de Vigo

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