«Asombrábase un portugués de que los niños en Francia, desde su más tierna infancia, supieran hablar francés». ¡Envidiamos a los niños bilingües por ser sus padres de diferentes nacionalidades! Muchos de nosotros hemos estudiado idiomas durante años y no nos expresamos fácilmente. Por el contrario, los de cierta edad, aún no habiendo estudiado gallego en el colegio, somos capaces de hablarlo, entenderlo y escribirlo. ¿A qué se debe entonces lo que provoca el asombro del portugués? A que el aprendizaje se produce por el contacto con la realidad y las personas, imitando lo que vemos y oímos y mejorándolo con la práctica a lo largo del tiempo. En esta idea se basan las teorías de Bandura y Vigotsky sobre el aprendizaje social. Lo mismo ocurre con la música. Como el lenguaje hablado, se aprende en contacto con la realidad musical, imitando lo que oímos, cantando y tocando para mejorar progresivamente.
La realidad no es un libro, no es una lista de palabras que se hilvanan para expresar una idea; tampoco lo es una partitura, unas notas musicales o varias corcheas que hay que unir para cantar o tocar una melodía. Escuchar e interiorizar el habla facilita las estructuras del mismo, diferentes en cada idioma. Al igual, en la música, se aprende interiorizando las estructuras musicales mediante la práctica. La vivencia y la práctica son también imprescindibles en cualesquiera otras materias escolares.
¿Por qué resulta tan fácil para los niños aprender? Porque lo hacen de forma natural, la manera humana de aprender. Nacemos programados para desarrollar nuestras capacidades de imitar y actuar sin necesidad de análisis. La actividad se interioriza y crea estructuras mentales que más tarde se harán conscientes mediante la reflexión y posteriormente se convertirán en abstracciones.
El aprendizaje es natural, no tanto la enseñanza. Los problemas de aprendizaje surgen al empezar los estudios escolares, no en el caso de los más pequeños, pues la enseñanza primaria ha logrado adecuarse al aprendizaje infantil; sin embargo, en cuanto el niño crece, la enseñanza empieza a alejarse de lo natural y deja de estar conectada con la realidad. Según la teoría constructivista de Piaget, al igual que el desarrollo infantil comprende diferentes etapas en las que la mente pasa de la imitación sensorial y motora a las operaciones concretas y, más tarde, abstractas (expresado muy brevemente); el aprendizaje en edades sucesivas debe repetir las mismas secuencias de forma rápida, pasando por la realidad y la actividad práctica hasta llegar a la abstracción.
Sin embargo, en la tradición conductista de la enseñanza, que considera la cultura como acumulación de conocimientos, hay mucha premura por llegar al conocimiento enciclopédico y se suprimen las etapas primarias, que se consideran «de niños pequeños», pasando directamente a la abstracción.
Al faltar las estructuras previas, los estudiantes recurren a la memorización y la enseñanza se convierte en datos que se exponen en un examen, pero no se sabe qué hacer con ellos. Por otra parte, la tradición educativa contiene ideas erróneas sobre el conocimiento y la inteligencia, que consisten en una visión analítica y parcelada de la realidad en materias inconexas, lo que dificulta la comprensión global. Esto se ha tratado de superar con la interdisciplinariedad, inteligencias múltiples, competencias y otras ideas que, a falta de la idea generadora, no han producido los resultados esperados.