En directo | Estudiantes ourensanos en silla de ruedas por unos minutos Cinco alumnos de Educación Social intentaron concienciar a sus compañeros de las dificultades que tienen los discapacitados físicos para desplazarse por la ciudad
25 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?Qué siente una persona ligada de por vida a una silla de ruedas cuando las calles de su ciudad se convierten en un circuito de obstáculos? Eso era lo que querían averiguar cinco estudiantes de Educación Social del campus de Ourense. Y lo hicieron en una sola tarde. Se trataba de trabajar la empatía, la capacidad de ponerse en el lugar del otro, con sus compañeros de primer curso. Lo que era un trabajo para la clase de Educación Permanente se convirtió así en un experimento social. Y es que como explica uno de los estudiantes, Sergio Vázquez, «la teoría está muy bien pero es mejor aprender a través de la práctica». Los alumnos les explicaron su idea a los responsables de Aixiña que no dudaron en prestarles, durante un tarde, tres sillas de ruedas. El siguiente paso en este trabajo de campo fue invitar a otros estudiantes a utilizarlas y a comprobar, por sí mismos, lo difícil que es transitar cuando el mundo no está pensado en clave integradora. Oportunidad La actividad la desarrollaron a lo largo de la tarde del miércoles. Los jóvenes pudieron comprobar, en primera persona, lo que padece cada día un discapacitado obligado a utilizar silla de ruedas. «A nuestros compañeros les gustó tener la oportunidad de poder verse en la situación de estas personas para comprenderlas mejor», relata Sergio Vázquez. Pero la iniciativa no sólo sirvió para que los estudiantes de Educación Social tomarán conciencia sino también para que comprobarán las reacciones de los viandantes a su paso. «Hay gente que es muy amable pero la verdad es que te das cuenta de que a veces te miran raro», continúa este alumno de primero de Educación Social. Problemas A pie de campo los jóvenes comprobaron como para un minusválido sería imposible, sin ir más lejos, acceder a su propia clase. Los participantes en el experimento realizaron un recorrido por la zona universitaria con el que no sólo se dieron cuenta los problemas que tendrían para estudiar: «El primer obstáculo era un bordillo que una persona sola no podría bajar, pues correría el riesgo de caerse. Después intentamos cruzar, pero como también había escalón en el paso de cebra, tuvimos que hacerlo por otra zona, por el medio de la calle. Acceder a algunos negocios tampoco fue posible por el desnivel». Intentos fallidos Otro problema, apuntan los estudiantes, es la existencia de rampas de acceso que, en la práctica, son inutilizables pues tienen tanta pendiente que el discapacitado -o en su caso, la persona que quiere practicar la empatía con él- no consigue superarla, si quiere subir, o corre riesgos, si baja por ella. Los alumnos de Educación Social tienen claro que las cosas no son fáciles cuando la vida pasa en una silla de ruedas. Desde Aixiña les explicaron, además, los problemas con los que se encuentran en los edificios públicos que en muchas ocasiones están vetados para los minusválidos. Balance Los futuros profesionales de la educación tienen más claro, gracias a esta experiencia, que la sociedad no da las mismas oportunidades a todo el mundo, ni siquiera para algo tan prosaico -como resulta para la mayoría- moverse por la ciudad.