Cinco estudiantes de A Estrada comen cada martes de fiambrera. Tienen un cuarto de hora escaso desde que el autobús matutino los deja en la parada hasta que los recoge el de la tarde
18 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Algunos escolares llegan a casa para almorzar, protestan por la comida, se lavan los dientes y ven la tele un rato antes de volver a clase. Los de la parroquia estradense de San Miguel de Castro, no. Al menos los martes, que toca jornada partida. Cada martes salen de clase a las dos y veinte, esperan el bus media hora frente al instituto número 1 de A Estrada, recorren 17 kilómetros hasta su aldea y comen en la parada del autocar. El bus matutino los deja en la parroquia a las tres y diez, y el de la tarde los va a recoger a las y 25, así que no hay tiempo para más. Alguno lo intentó, pero se quedó en tierra. El problema se repite cada semana desde el inicio de curso y las madres y abuelas, para aprovechar al máximo el cuarto de hora, se han convertido en la peor competencia de Telepizza. La estampa es más propia de una película surrealista que de un almuerzo familiar. Pero es lo que hay. Las madres se acercan a la parada del bus y preparan el picnic en el palco de la fiesta, que es el lugar cubierto más próximo. Garantiza, al menos, una comida «enxoita». Algunas se conforman con llevar unos bocadillos y otras acuden, fiambrera en ristre, con el menú familiar del día. Todo está cronometrado. Mientras los jóvenes apuran sus bocados, las madres rehacen las mochilas cambiando los cuadernos y libros de la mañana por los de la tarde. «Para que os rapaces non teñan que ir tan cargados», explica Pilar Castro, una de las madres afectadas. Después los jóvenes salen disparados hacia el bus con un chicle en la boca que sustituye al dentífrico. Parece muy fácil, pero no lo es tanto. Pilar Castro comenta que algún día de lluvia tuvo que acudir a la parada con el carrito de la compra para poder llevar los libros, la fiambrera y el paraguas en un solo viaje. Los padres piden un reajuste de los horarios del transporte. Si los buses llegasen a su hora se acabaría el problema. Han puesto al tanto al centro escolar y a Educación, pero de momento no hay respuesta. El picnic continúa.